Maternidad

El día siguiente del parto, mi marido ya hablaba de tener un segundo hijo. La emoción del momento se apoderó de él mientras yo le miraba ojiplática y le recordaba lo que teníamos entre manos (una recién nacida) y entre las piernas (una episiotomía considerable). Fueron pasando los días y las molestias del posparto se alejaban; crecían las ganas de repetir… Hasta que un buen día, harta de médicos, hospitales, cinco pisos sin ascensor y un marido de baja por ciática que le dije: “No, cariño, sólo una”. Pero me temo que ahora que ya vive sin calmantes, antiinflamatorios y hernia volverá a la carga. Le entiendo, ya que él se ha perdido cinco maravillosos meses en los que he alucinado viendo crecer a Emma. Sólo por eso, por ver a un bebé crecer, desarrollarse y evolucionar, merece la pena estar embarazada, dar a luz y pasar noches en vela. Aunque la sombra de la hernia es muy alargada… Dice mi madre que este sentimiento se me pasará con el tiempo, que todo lo cura y lo borra, pero yo le respondo que estoy muy traumatizada y que la sola posibilidad de verme con otro bebé en brazos y una niña más mayor sin ayuda me paraliza. Creo que con pensarlo ya no ovularé, por si acaso. El problema surge en cuanto miro fotos de Emma, como ésta, en la que casi tiene dos meses. ¡Madre mía! ¡Cómo ha cambiado! Mañana le haré fotos para colgarlas aquí, pero os avanzo el contenido de las mismas: Emma ya se mantiene sentada. ¿No es increíble? Y vosotras, ¿repetiríais? Y cuándo consideráis que es el mejor momento para ello, ¿pronto o dejando pasar unos años entre embarazo y embarazo? Dicen los médicos que el tiempo mínimo de espera aconsejable es de un año, para que el cuerpo pueda volver más o menos a su sitio y, sobre todo, para que los dépositos vuelvan a llenarse antes de que traspasemos nutrientes al feto.

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