Compras para el bebé

Después de tres meses de uso, mi marido y yo hemos concluido que la trona Tripp Trapp de Stokke es una buena inversión (o un estupendo regalo, como es nuestro caso). Es la única trona de la que Emma no puede escaparse. Al principio, pensábamos que era muy estrecha e incómoda para el bebé, ya que apenas hay sitio para sus piernas, por lo que colocarla y sacarla fue un martirio durante las primeras semanas de uso. Luego, la niña empezó a colaborar, probamos otras tronas fuera de casa y empezamos a comparar. La de plástico de Ikea es fenomenal: muy barata, muy cómoda. Estupenda como segunda opción; para tenerla en casa de los abuelos, si se ocupan frecuentemente del bebé. Ideal también para cafeterías y restaurantes sensibles con las familias. Pero Emma ha perfeccionado sus habilidades y no aguanta dentro de una trona ancha ni cinco minutos. Qué digo, ¡ni quince segundos sin vigilancia! Estaba en casa de mis suegros y la dejé sentada en una trona de madera tipo Stokke mientras me puse a cocinar su puré y a vigilarla desde la cocina. Le di la espalda para encender el fuego y ¡zas! cuando me di la vuelta ella estaba gateando encima de la mesa del comedor. Qué susto. Ese día comprendí que teníamos mucha suerte, ya que de la Tripp Trapp no se puede escapar. Bueno, ella lo intenta, pero de momento no lo ha conseguido. ¿Pegas? Es carísima. ¿Pros? Tiene siete años de garantía, un diseño muy bonito, el bebé come en la mesa de los padres (no en una bandeja aparte) y evoluciona con el niño. Es una silla para toda la vida. Desde mi punto de vista, recomendable. ¿Cuál tenéis vosotras? ¿Habéis acertado con la trona?

En la imagen, Emma hoy comiendo sus primeras lentejas (las nuestras, con arroz, verduras y sin triturar) sentada en su Tripp Trapp, regalo de sus tías Inma y Lidia.

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