Crecimiento

El miércoles fue un día muy especial para mi. Mis padres se quedaron a Emma algo más de dos horas y mi marido y yo nos escapamos al bar. No seais mal pensadas, es el único sitio donde nos podemos conectar a internet. Por primera vez, cuando regresé a casa me di cuenta de que estaba totalmente tranquila. Sólo cinco minutos antes de reencontrarme con Emma me entró esa sensación de intranquilidad y vacío en el estómago que me acechaba siempre al separarme de ella. Se trata de una sensación muy visceral. O así lo ha sido hasta ahora. Cuando salía de casa sin la pequeña siempre tenía la sensación de que me dejaba algo. ¿Las llaves? ¿El móvil? ¿Quizá la cartera? Y ciertamente muchas veces me dejaba alguna de estos objetos. Pero lo que realmente me había dejado era a Emma. Eso era lo que me faltaba. Me miraba los  bolsillos, registraba el bolso y aun teniéndolo todo no encontraba nada que aliviara mi intranquilidad, hasta que regresaba con ella. Pero ya está. Emma crece y, poco a poco, nos vamos convirtiendo en dos personas que saben vivir la una sin la otra. Por cierto, el jueves también fue un gran día: Emma ya va en la silla de paseo mirando hacia la calle y, tachín, tachán, ¡ya tiene dos dientes! La salida de esta pieza le ha aliviado tanto que hoy está teniendo un día espectacular. Hacía semanas que no la veía tan tranquila, tan risueña y tan feliz. ¡Hurra por la fiera! Que tengáis un muy buen fin de semana. ¡Mua!

En la foto, Emma y mi madre, a la cual ya conocéis, el miércoles. Me gusta esta foto porque las dos tienen la misma expresión facial.

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