Maternidad

Cuando mi marido llevaba seis días en el hospital y con previsión de no salir en un tiempo, mi madre se montó rauda y veloz en su coche, se cruzó la península de costa a costa (del Mediterráneo al Atlántico) y dejó a mi padre solo en casa también convaleciente, pero muy feliz con su vista recuperada tras una delicada operación de cataratas. Pasó quince días con nosotros. Cuidó de Emma para que yo pudiera entrar en el hospital, para que descansara en casa y para disfrutar ella misma un poco de su primera nieta. También cuidó de mi, quitándome carga de trabajo (cocinó, limpió, hizo las compras, etc.), y se ocupó de su yerno con sabrosas comilonas cuando regresó a casa tras diecisiete días en el hospital. El pasado domingo, mi madre volvió a montarse en su coche y condujo otros 600 kilómetros. Se marchó hace cuatro días. Sólo cuatro días. Sin embargo, me parecen una eternidad. ¡Gràcies mamà!

En las fotos, mi madre la ladrona con su nieta y mis ¡gafas de sol! Y mi hija, futuro bicho y trasto en construcción, con su abuela preferida.

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