abrazo

Vínculo afectivo

Tan fácil que fue el destete, tan poco que lloró Emma, tan poquita leche obstruida en mi pecho, y ahora, sin embargo, cuánto déficit de mimos tiene la fiera. A veces se abraza a mi fuerte, fuerte. A veces llora un poco, gimoteando. Y yo le digo: “¿Quieres llorar un poquito, mi vida?”. Y ella me responde flojito: “Sí…”. “Llora, mi vida, mamá está aquí”. Y ella llora, y yo la abrazo. Y no pasa nada. Sigue siendo un bebé, sigue necesitando el contacto con mi piel, que la abrace fuerte e incluso ahora se duerme encima de mí. ¡Encima! Con lo que pesa, sí. ¡Puf! ¡Y con lo despegada que era antes! Pero antes tenía la teta, que no sabía hasta qué punto era su ancla, su calma y su isla desierta donde descansar. No me arrepiento lo más mínimo por haberla destetado, ¡con las ganas que tenía! Pero ahora veo más que antes que Emma sigue siendo mi bebé. Y eso me encanta. Dicen los entendidos que los bebés no tienen conciencia temporal y que las penas y tristezas pueden salir a la luz días o semanas, como es el caso, después del cambio. Como cuando empiezan en la escuela infantil felices como perdices y al de un mes, o más, lloran como si se acabara el mundo nada más coger el camino hacia la guardería. Nuestro mundo no es su mundo. Su mundo somos nosotros y no desean que su mundo se derrumbe.

En la imagen, una mamá abrazando a su bebé, vía Pinterest.

PD: Este tiene que ser el último post que escribo sobre el destete. ¡Qué cansancio!

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