Encuentro en el merendero de Gorliz

Cuatro familias pasamos el sábado en el merendero de Gorliz, un maravilloso lugar donde disfrutar del día al aire libre. Era el primer encuentro de madres primerizas al que asistían nuestras parejas, por lo que me aseguré de sacarles fotos a ellos, ¡pero olvidé fotografiarnos a nosotras! Ups. No obstante, como a nosotras ya nos tenéis muy vistas, no creo que os importe el cambio. ¡Empecemos!

El padre de Ian y marido de Amaia se llama Paul. Es originario de Wisconsin (EE. UU.), donde las barbacoas son habituales y en cada casa tienen una en el jardín. Él se encargó de encender el fuego y cocinar la carne (en su punto y deliciosa, ¡gracias, Paul).

El padre de Martí se llama Rafael. Natural de Barcelona, como su mujer, Maite, le vemos en la foto alimentando a su renacuajo, que con diez meses está precioso y, aprovechando la vida asalvajada del sábado, le hincó los dos dientes que tiene a un tomate sin pelar ni cortar. A la izquierda de la foto vemos a Julen, el padre de Markel, cambiándole el pañal. Julen le regaló a Eva, su mujer, un vale para una sesión de parapente. ¡Que Eva canjeó después de la barbacoa! Es decir, al caer la tarde se marcharon a Sopelana donde el monitor de parapente la esperaba para dar su primera vuelta por el cielo. ¿No es alucinante? Admiro su coraje.

Jens es mi santo varón. Nos encontramos un verano de hace cuatro años en unas fiestas de un pueblo de la costa mientras él estaba de vacaciones con sus amigos alemanes. Habían venido con furgonetas y caravanas y dormían cerca de la playa para no desaprovechar ni un rayo de sol ni una buena ola. Además, antes de volver a Alemania pasaron por Gernika, donde se encontraron con un festival de música heavy en el que el grupo Sepultura tocaba gratis en medio del pueblo, de apenas 20.000 habitantes. Creo que el sol, el océano y el pensar que los vascos estamos gratamente locos fueron los motivos determinantes para que no se lo pensara dos veces antes de mudarse a Bilbao para vivir juntos. En la foto, Jens dándole de comer a Emma un pintxo moruno de pollo.

Justo antes de comer, o mientras comenzábamos a zampar, los tres niños cayeron rendidos y se echaron una siesta de entre hora y media y dos horas en sus respectivas sillas de paseo.

Emma no. Ella prefirió seguir jugando. Sólo se durmió después de jugar muchísimo y de dar un largo paseo en carro. Y tampoco durmió en exceso, no os penséis.

Por último, una foto general de la mesa donde comimos, justo al lado del parque infantil del merendero. ¡Ah! Comentamos que repetiríamos la barbacoa… Así que ya sabéis, si os da pena no haber podido asistir, no os preocupéis porque organizaremos otra cualquier fin de semana de julio que os venga bien. Hablamos a finales de junio ;).

En la primera imagen, plano detalle de la camiseta de Paul.

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