El sueño infantil

Emma demuestra su personalidad y empieza a ser un bebé mayor. Está aprendiendo a manejar sus emociones y, también, imita mi estado anímico. Acorde a su madurez, mamá empezó la tarea de pasarla a la cuna siete noches atrás. No he utilizado el método Estivill. He preferido optar por el llanto controlado después de comprobar que, en cualquier situación, si estoy con ella, llora menos y no se pone tan nerviosa. Así que, hace siete noches, después de darle el pecho en el sofá del salón, con luz tenue, la pasé a su cuna, que vuelve a estar en nuestra habitación. Inmediatamente, Emma abrió los ojos al sentir el firme colchón bajo su espalda y entonó el llanto. No, Emma, no. Mamá te canta, mamá está aquí. No estás sola. Las dos primeras noches fueron especialmente duras (35 y 45 minutos de llanto). Pero las siguientes fueron mejor, especialmente hoy. Ahora Emma cena y se duerme al pecho de mamá antes de ir a su cuna. Y si se despierta durante el traspaso, le canto hasta que vuelve a coger el sueño. No se duerme sola, tampoco me importa. Lo que quería es que al menos durmiera en su cuna las primeras horas de la noche, ya que tenía miedo de que se cayera de nuestra cama. ¿Y qué ocurre el resto de la noche? Pues que cuando se despierta, vuelve a nuestra cama, donde ella mama mientras yo sigo media dormida.

En la imagen, unos perros paseando al caer la tarde en una de las playas de la bahía de San Francisco (California). Al fondo, el Golden Bridge en una de mis fotos preferidas de nuestra luna de miel.

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