cambios en la alimentación en los niños de uno y dos años

Del primer al segundo año

En su primer año de vida, Emma probó y se deleitó con infinidad de comidas e ingredientes. Desde la quinoa hasta el pintxo de salpicón. Pero como bien advierten los pediatras, entre el primero y el segundo cumpleaños, los niños dejan de crecer tanto, por lo que su consumo calórico y de nutrientes mengua considerablemente. Paralelamente, se vuelven unos tiquismiquis. ¡Ops! Así que la zampi-zampi Emma se ha convertido en Emma la fina. Si a ello le unimos la enfermedad (en diciembre enlazamos ocho días de catarro, gastroenteritis, muelas, oído y siempre fiebre), el resultado ha sido un mes de enero en que rechazaba casi todos los alimentos y comía muy poco. Las personas que conocen bien a Emma saben que era un saque sin fondo. Entonces, ¡imaginaros mi desesperación en enero! Tratando de no perder la calma, cocinaba y le ofrecía sus platos preferidos con desigual desenlace. ¿Lo que más le gusta? Lentejas con verduras, espirales de pasta con salsa de tomate cherry, cebolla, ajo y orégano, arroz largo hervido, croquetas, pollo fino empanado, merluza empanada, guacamole, huevo Kinder, chocolate en todas sus variantes y zumo de naranja de tetra brick en cantidades industriales (zumo natural, no proveniente de concentrados y sin azúcares añadidos).  Asimismo, ha dejado de comer jamón, jamón york, galletas y yogures. Tampoco come fruta. ¿Mi postura al respecto? ¡Non te preocupare! Aunque a veces me entristece, la verdad es que no tenemos motivos racionales de queja: la niña está sana como una manzana y no pasa hambre. Además, come equilibrado, ya que ingiere carbohitrados, proteínas, vitaminas y minerales. ¿Qué más se puede pedir? Nada. No obstante hoy me pregunto, ¿habéis notado un cambio tan acusado en la alimentación de vuestros hijos? ¿Cómo os sentís al respecto? ¿Tenéis alguna recomendación? Vía facebook una lectora me recomendó el blog Con botas de agua, cuya autora escribe unas recetas muy molonas para niños. ¡Gracias! ¡Ah! Y hemos modificado el horario: entre las cinco y las seis nos sentamos a comer-merendar (arroz, hamburguesa, lo que sea). ¡Como en Alemania! Y antes de dormir, como siempre, teta. La merendola propiamente dicha la ha cambiado por algo dulce (chocolate) o, como mucho, un trozo de pan.

En la imagen, Emma ordenando las tazas de té y los vasos que llena de agua.

 

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