Balance: el sueño del bebé

El primer post del balance empieza con estas líneas que escribí hace cuatro noches:

“Dormir a Emma es una constante batalla que ninguna de las dos gana. Ella lucha por permanecer despierta durante el día, aunque se frote cien veces los ojos porque se cae de sueño. Ni el carro, ni la mochila le duermen. Con suerte, después de darle pecho se queda frita unos treinta minutos, siempre que ningún perro ladre cerca, que no pase una ambulancia, que no grite un niño, que no entremos en una tienda, que no nos visite el mini camión que limpia las calles, etcétera. En casa, no es mucho mejor.

De noche, Emma y yo emprendemos una maratón mamatoria que fácilmente se prolonga durante dos horas. Mientras, ruego para que por favor se duerma al pecho. ¿Os acordáis que durante tres noches la dejamos llorar? La primera, estuvo acompañada por su padre (treinta minutos de llanto), la segunda noche entrábamos y salíamos (treinta minuto más) y la tercera sucumbió a los diez minutos (con un par de visitas maternas). No aplicamos el método Estivill, con sus tablas de tiempo, sino lo que la matrona describió como “llanto controlado” o lo que ocurre en las guarderías a la hora de la siesta los primeros días del curso escolar: los niños en sus hamacas lloran hasta que se duermen mientras las profesoras permanecen en la sala. Los dos días siguientes fueron maravillosos: Emma incluso se echó una siesta de tres horas. También aprendió una valiosa lección: “Mejor me duermo a la teta a ver si estos desalmados me dejan sola en la cuna”.

No lo volveré hacer porque es durísimo, pero si volviera a encontrarme en la misma situación (completamente exhausta y desesperada, cruzado el límite del agotamiento físico y metal después de tres semanas de cuatro horas cada noche para dormirla, es decir, el tiempo necesario para juntar dos tomas y dormirse al pecho, cómo no), quizá lo repetiría. Entonces, os preguntaréis, ¿por qué no continué? Porque la fiera aprendió que lo mejor para ella era volver a quedarse dormida a la teta, en vez de empezar a cantar (literalmente) después de la última toma y reclamar una tanda de juegos de diez a doce de la noche.

En cuanto al otro experimento, el de la huelga de teta, dio sus frutos, pero también hemos dado marcha atrás. Y es que la enana me puede. Si no le daba pecho cada hora y media por la noche, no se quejaba. Sobre todo, si estaba en su cuna, donde los despertares son mucho más sutiles. Pero como hemos vuelto a la maratón mamatoria nocturna y acabamos colechando, ella me huele y yo, al final, le doy para no despertarme más de lo que me despierto. ¿Sabéis que las defensoras de la crianza natural dicen que colechando no te despiertas tanto en las tomas nocturnas? Pues todas tendrán las tetas muy grandes, porque yo tengo que forzar la espalda de lado para darle y, sí, acabo desvelada”.

A la noche siguiente después de escribir estas líneas fruto de la desesperación, Emma durmió nueve horas seguidas, de 23.45 a 8.45 horas. Nunca lo había hecho. Como no me podía creer tal hazaña, entré varias veces a su cuarto para comprobar que seguía viva o, al menos,  que estaba sana y sin fiebre. No escribí nada porque ya me temía que sólo era un oasis en medio del desierto. Efectivamente, al día siguiente se despertó a las 0.20 horas y no volvió a dormirse hasta las 3.25. Esto tampoco lo había hecho nunca. La pequeña fiera, de tanto dormir el día anterior, cogió más fuerza que nunca. Esa noche sólo dormí cuatro horas (y no seguidas). Ayer volvió a la normalidad y ya ni me quejo. Que mame lo que quiera, pero que duerma. La conclusión de todo ello es la siguiente: Emma es caótica. Es un bebé y su cuerpo y cerebro se están adaptando al mundo. Además, hay circunstancias que desconozco: no sé si le duele la boca, si le molesta el oído (porque se lo toca) o si algo la ha sobreexcitado durante el día, y cuando adquiere una nueva habilidad, algo que sucede a menudo, también le gusta practicarla de noche. Por tanto, finalmente, acepto su falta de horarios y su sueño caótico, pero es duro. Muy duro.

En la foto, la bella durmiente este fin de semana en su hamaca.

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