Mallabia

Adaptarse a una escuela nueva

Si piensas mudarte con tus churumbeles, he aquí una sensata lista de cosas que deberías hacer:

  1. No te mudes.
  2. Si a pesar de todo eliges mudarte (a una casa mejor) o debes mudarte por narices, procura que los niños no cambien de escuela.
  3. No hagas obras.
  4. Si a pesar de todo haces obras, evita llevarles a las obras.
  5. Lo primero es lo primero: lo primero es el wifi y sus vídeos de Pepa Pig, Caillou y etc. Antes de elegir el color de la pared, compara las ofertas de las compañías de telecomunicaciones, escoge una y acuerda el día de instalación.
  6. Cuando un niño llega a la escuela es el nuevo, el berria, en euskera. Tu hijo está jodido, asúmelo. Los niños no son siempre amables y si ven un atisbo de debilidad, van a por él. La escuela es la guerra. ¿Te acuerdas? Habla con tu hijo, recuérdale lo valiente que es, el trabajo duro que le toca hacer por ti —él no ha elegido mudarse—, dale las gracias.
  7. Vuelve a hablar con él.
  8. Es el peor momento de tu vida para pedirte paciencia (mudanza, obras), pero debes ser más paciente con tu hijo. En nuestro caso, con el comienzo de la nueva escuela Emma tuvo rabietas a diario. En un solo día llegó a tener cuatro, récord histórico. En las últimas rabietas me pegaba con toda su fuerza. Era rabia, pura rabia. ¿Solución? Ni la paciencia ni las distracciones habían funcionado. Comunícale tus sentimientos y tus miedos (“yo también estoy rabiosa, también tengo ganas de pegar Emma”, y su cerebro hizo ¡click!) pero no te dejes llevar por ellos. Ellos también necesitan saber qué sientes. De hecho, tu misma necesitas a veces exteriorizar qué sientes…
  9. Escucha a tu hijo. Es lo más importante de todo. A pesar de la desconexión que podáis estar experimentando, trata de abrir vías de comunicación para que tu hijo hable contigo. Llegarás al meollo del asunto. Para mi la clave ha sido que me está contando las batallas de patio. Emma va haciendo amigos en clase y trabando alianzas, pero también lo ha pasado mal con varias trifulcas de patio. Con ellas ha identificando a los pegones, a los súper pegones e incluso ha negociado una tregua con uno de ellos (un niño le ha prometido que no volverá a pegarle). ¡No me extraña que me pegara! Puedo imaginar su gran frustración y la rabia que ha sentido hacia mi, que la he matriculado en una escuela donde ha recibido golpes. Porque en la escuela de Mallabia también hay niños pegones y brutotes, como en todas, pero ella ya conocía a sus compañeros y sus debilidades. En Bilbao ha tenido que empezar desde cero y eso cuesta. Habla con tu hijo, escúchale, averigua qué le frustra y le crea rabia. No puedes evitar las cosas que le ocurren fuera de casa, pero puedes acompañarle.
  10. Disfruta de tu nuevo entorno: enséñale todos los planes mega híper guays que ahora podéis hacer. La ciudad es una aventura. Bilbao mola mil. Que le quede claro.
  11. Vuelve al minipueblo. El pasado domingo regresamos a Mallabia y se reencontró con su mejor amiga. Explícale que esa relación no ha terminado ni tiene porqué terminar, que si quieren pueden ser amigas para toda la vida. Que solo ellas ponen los límites a su amor, que nosotros, los adultos, las acompañaremos en este viaje. Que la vida no es quitar personas, sino sumar (con la metáfora facilona del helado lo pilla enseguida: ¿quieres un helado o un helado con topping? Pon toppings a tu vida).
  12. El tiempo lo cura todo, correcto, pero este no es el momento de ser water, my friend, sino de tirar del carro. Y es que si los niños son nuestro reflejo, no es menos verdad que nosotros seamos el suyo y cuando ves a tu pequeña mal, te embarga una congoja enorme. Que no te atrape.
  13. No vuelvas a mudarte jamás. O, al menos, eso le he dicho a Emma. No sé si será verdad o es una promesa que no puedo cumplir, pero nos da seguridad.
  14. Pide ayuda. Normalmente en las escuelas hay una psicopedagoga, psicóloga o consultora. Habla con el tutor de tu hijo y pide ayuda. Me lo sugirió una madre que pasó por la misma situación el pasado curso y eso he hecho 😉

Y eso es todo, amigas. Las mudanzas y los cambios de escuela son muy duros para los niños, no hay que tomárselos a la ligera. Para mi fue muy doloroso experimentar esa desconexión que te contaba en este post, y ahora que volvemos a reconectar poco a poco podemos cerrar el círculo: ha pasado esto, hemos sentido esto, vamos a hacer esto. Y la gran lección que he aprendido en estos meses es que la comunicación es la clave de todo. Sin saber qué siente Emma y cuáles son sus preocupaciones, poco puedo hacer. ¿Qué le digo? Las palabras vacías no consuelan. No sé cómo se trabaja la comunicación con los niños pequeños ni con los más mayores, por lo que si conoces algún libro, película, post, canción o lo que sea que crees que nos pueda ayudar a que esa comunicación fluya, házmelo saber, por favor, me encantará descubrirlo. Esta semana en Instagram @clubpequelectores me recomendó “El monstruo de colores” y, para más adelante, “El gran libro de las emociones”. ¿Algún libro para mí? ¿Algo sesudo sobre inteligencia emocional y esas cosas? No he leído sobre eso y creo que ha llegado el momento. ¡Mil gracias!

emma_ayala

 

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En las imágenes, Emma en Mallabia en verano y con sus amigas. El minipueblo en verano es muy bucólico 🙂

 

 

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