Semana 25

Hoy tocaba visita con la matrona. Sustituta de matrona, exactamente. Tensión, correcta. Peso, incorrecto. En cinco semanas he ganado cinco quilos. Algo me olía… ¿pero tantos? Al parecer he tapado hasta arriba el agujero perpétuo que tengo en el estómago. La facultativa me ha echado la bronca y, además, me ha tratado de señora. Mi razonamiento (algún día tenía que recuperar los cuatro quilos que perdí durante el primer trimestre) le han sonado a excusa barata y y no paraba de repetirme: “Come fruta, ¡fruta!”. “Sí, sí”, le decía yo. “Como fruta, y verduras, pollo, arroz, pasta, chocolate… ¡Tengo mucha hambre!”, trataba de defenderme inútilmente. Y ella venga a amenazarme: “Los quilos que cogéis ahora, os cuesta mucho quitarlos luego”. Me sentaron fatal todos sus comentarios y creo que a Emma tampoco le gustó esa mujer porque cuando trató de localizar el latido fetal, mi niña no paró de revolverse durante más de un minuto. Que la matrona iba a la izquierda, ella nadaba velozmente hacia la derecha esquivando su instrumental médico. Y así varias veces. “Se mueve mucho, ¿no?”, me preguntó malhumorada la señora. “No para quieta”, respondí sonriente. ¡Chica lista!

PD: Hasta ahora, he engordado seis quilos. Seis meses y medio, seis quilos. Tampoco es tanto, ¿no?

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