cerveza

Un tema recurrente en las conversaciones entre madres y padres es cómo conseguir disfrutar del tiempo compartido con otras parejas que no tienen hijos. Después de encontrarme con distintas situaciones, resumiría mis experiencias en la siguiente ecuación:

No importa si otros adultos tienen hijos o no, lo que importa es la actitud que tienen hacia los niños y si su carácter es flexible y empático.

Es decir, hay personas que no están acostumbradas a tratar con niños, no conocen sus necesidades (me incluyo en este apartado antes de ser madre) y, cuando se las explicas, tampoco las entienden. Creo que hay grupos mixtos que funcionan perfectamente y los que no son padres se adaptan a las necesidades de los progenitores y su prole. Otros, en cambio, siguen pensando que su estilo de vida (¡ay!) es incuestionable e incompatible con el resto del mundo. La verdad es que este tema me preocupa muy poco. Lo que me sigue sorprendiendo es cómo las personas sin hijos tienen (o dicen tener) unas agendas apretadísimas. Insisto: no sabía qué era la escasez de tiempo hasta que me convertí en madre primeriza. Esa falta de organización y de parsimonia, placidez y ociosidad es lo que me mata (de envidia) de las personas que no tienen hijos. “¿Nos vemos el sábado?”, “Uy, no, ¡imposible! ¡Estoy tan ocupada!”, contestan. Y yo me pregunto: “¿En qué?”.

En la imagen, vía Pinterest, una botella de cerveza reconvertida en florero.

 

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