Maternidad

Dicen que el cuerpo de las madres se adapta al progresivo aumento de peso de sus bebés. No es mi caso y creo que tengo justificación: Emma salió del hospital con 3.530 gramos (nació con 3.930), a los quince días la báscula marcaba 4.310 (800 gramos más) y al mes alcanzó los 4.990 (otros 650 gramos). Mientras, a los dos meses lució unos hermosos 6.340 gramos. Y, por si quedaban dudas, a los tres meses volvió a engordar casi un quilo (con 7.170 gramos). No me quejo, ¡faltaría más! Estoy muy contenta y orgullosa con la evolución de la niña que, por cierto, en la última revisión medía 66,5 centímetros (nació con 55). No sé si las madres experimentadas se apañarán mejor que yo, pero como madre primeriza necesito ayudas extras en mi quehacer diario: codillera, rodillera, DVD de yoga con sesiones de sólo 10 minutos para estirar la espalda… ¡Estoy hecha un fiasco! Por cierto, como me da vergüenza calzarme la codillera y rodillera al mismo tiempo, voy alternándolas. Creo que hoy vuelve a tocar codo (izquierdo).

En la foto, Emma el pasado viernes tratando de escapar para ver mundo.

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