Habilidades de un bebé de quince meses

Nuevas habilidades, nuevos retos

En este post me gustaría contaros las nuevas habilidades de Emma, que pueden ser iguales o completamente diferentes a las de vuestros hijos. Ya sabéis que cada bebé es un mundo. Entre los quince y dieciséis meses,  Emma ha aprendido a girar los brazos dejándolos sueltos y a dar vueltas sobre si misma. Se toca el culete después de hacer caca, se levanta la camiseta para verse la barriga y se busca el ombligo. ¡Ring, ring! Además, se ha descubierto la potxoleta y ahora se entretiene con ella durante el baño. Los tapones son su gran pasión e intenta escalar los muebles. Consigue subirse sola al sofá y a una mesa de altura media. Reconoce más órdenes y sabe que cuando digo “basura” las cosas se esfuman en el cubo de la basura o en la papelera de la calle. Por supuesto, ella es la encargada de llevar la “basura” al cubo y a la papelera: los pañales sucios, los envoltorios de plástico, los pañuelos de papel y los botellines de agua vacíos. Cada vez que consigue ejecutar una orden materna se siente muy orgullosa, por lo que tratamos de responsabilizarla de ciertos asuntos para que se sienta capaz. Una vez aprendidos, ella trata de anticiparse a nosotros, lo que todavía la satisface más. Para su buen desarrollo cognitivo, a veces realiza ciertos actos que los adultos consideramos trastadas. Por ejemplo, abrir el bote de los fideos y separarlos en diferentes tazas y recipientes que coge de los armarios para poder llevar a cabo su juego. Aunque me moleste, no creo que sea una trastada. Ella no tiene otra manera de jugar con cosas muy pequeñas, como piedrecitas, por lo que opto por ser comprensiva (ahora esos fideos son suyos). Al fin y al cabo, creo que un niño necesita piedras, tierra y arena y nosotros no tenemos ninguno de esos tres elementos. En la guardería, la semana pasada realizó una hazaña que nos hizo sentir los padres más afortunados del mundo. Su educadora, Natalia,  nos contó que cada día los niños le ayudan a recoger los juguetes del suelo y los depositan en una caja grande y pesada donde los guardan hasta el día siguiente. Como Emma no puede acercar la caja a los juguetes y sólo puede llevar uno en cada mano, decidió coger otra caja más pequeña que sí puede transportar, acumuló varios juguetes en ella, la llevó hasta la grande y volcó los juguetes. De este modo, organizando sus acciones con antelación, gestionó de un modo más eficaz su participación en la recogida de juguetes. ¿No es increíble?

En la imagen, Emma reorganizando la mesa del comedor después de haber subido sola.

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