Dentición y despertares nocturnos

Una de las cosas de la maternidad que más me ha noqueado es que he dejado de soñar mientras duermo. Con un hijo con varios despertares, el ciclo de sueño de la madre se rompe constantemente. Además, creo que todas tenemos el sueño más frágil cuando tenemos un bebé en casa porque estamos atentas al más mínimo ruido. Las poquísimas veces que he soñado estos últimos doce meses, que no llegan a ocupar los dedos de una mano, me he sorprendido al despertar. Y todavía me he sorprendido aún más cuando alguna noche me he despertado después de haber tenido un sueño profundo y reparador. Hace ya meses que no escribo sobre las noches de Emma. No hace falta, ya que no hay cambios. Seguimos colechando y con lactancia materna a demanda. De este modo, ninguna de las dos nos desvelamos y consigo dormir relativamente bien. Pero esta semana pasada, la niña ha tenido calentura cuatro o cinco noches. Le están saliendo los cuatro colmillos y cada noche le subía la fiebre de 35,5º a casi 38º y se intensificaba su dolor. Incluso pensé que eran los oídos cuando llegó a 38,3º y rápidamente la llevé a la pediatra, pero la doctora me indicó que todo estaba bien y que sólo tenía un poco inflamada la garganta y algo de flemas. “Claro”, pensé. Duerme sin saco hasta que la fiebre baja y cuando vuelvo a despertarme para taparla, ya se ha enfriado (y resfriado). Hoy pienso que dejar de soñar por las noches tampoco está tan mal, mucho mejor que despertarse cada dos por tres con la niña rabiosa de dolor. Porque eso, después de tanto tiempo sin dormir del tirón, me deja unas secuelas que no me gustan nada: mal humor y descortesía general. Cuando estoy así, me noto rara al hablar con otras personas, ya que me cuesta seguir la conversación manteniendo un feedback adecuado. Sólo voy a lo mío. Pero que nos atrape el negativismo de este post. No, no, no. En realidad, estoy muy contenta de que Emma exprese con tanta claridad su malestar. La niña lo está pasando mal y busca mi compañía (estamos atravesando unos días de mamitis aguda, dice su padre). Por tanto, ahora más que nunca nos esforzamos en hacerla reír e intentar que olvide a ratos el dolor de dientes. ¿Lo más triste de todo? Cuando bajamos al parque y no quiere ir a jugar al tobogán. De hecho, hoy ni siquiera quería ir al parque. Mi bichito, mi pobre bichito, qué bien comerás el chuletón dentro de unos meses.

En la imagen, las galletas de mis sueños (porque despierta no dejo de soñar), del blog Foods that make you drool, un regalo para la vista, y cuya receta podéis encontrar en The girl who ate everything.

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