Sentimientos del divorcio

¡Hola! Mañana retomaré Instagram y Facebook para enseñar los nuevos Minis y me sentiría un poco como una impostora volviendo a las redes sin contar antes el porqué de mi recogimiento de estos últimos meses… Estuve a punto de publicar un post en septiembre, justo cuando Angelina Jolie y Brad Pitt anunciaron su divorcio, pero al final no pude… Y es que esto va de eso… Por eso cuesta tanto escribir… y aún más darle al play

Le he dado mil vueltas pero supongo que no hay una manera mejor que otra para explicarlo, siempre que lo haga desde el corazón y la tranquilidad. Así que aquí va…

A principios de verano ex maridín y yo decidimos separarnos. Llevábamos años en la cuerda floja, alguna vez ya lo había comentado.

Enamorarnos fue precioso y nos quisimos mucho. Siempre nos querremos. Pero hubo tantos contras en nuestra relación que llegó un momento en que teníamos la sensación de que en un tiempo récord habíamos roto demasiados platos y ya no nos quedaban platos para comer, metafóricamente hablando. Diferencias culturales, lingüísticas, falta de matices en la comunicación, que a su vez todo ello va dificultando la comunicación, que cada vez está más socavada (aparte de todo lo demás: mudanzas, obras, enfermedad). ¿Y qué es una pareja sin una buena comunicación? Nada. Cada uno se aleja del otro y cada vez los dos estábamos más lejos…

Cómo duele tomar una decisión así cuando tienes hijos. Porque si una ruptura es dolorosa, llegar al punto de tomar la decisión cuando eres madre y padre significa haber agotado todas las vías (terapia de pareja, por ejemplo). Pero son precisamente los hijos, nuestra hija, quien nos hace pensar que hemos tomado la decisión correcta porque eso ya no era amor, o amor del bueno. Hace tiempo que dejamos de ser buenos referentes como pareja para pasar a pelearnos demasiado. Y no era eso lo que queríamos enseñarle a Emma. Y así se lo explicamos y así lo entendió…

Emma. Qué mayor está. Cuántas cosas entiende.

Ya sé que nuestra hija es de otro planeta, de un planeta exquisito, a ojos de su madre. Pero aparte del hondo dolor que sintió cuando le explicamos nuestra decisión, en pocas semanas entendió que así estaba bien, que quizá así sería mejor. Porque si algo aprendí este verano es que hay situaciones inevitablemente dolorosas, pero no tienen porqué ser dramáticas. Nos lo podemos tomar con naturalidad. Aunque cuesta, sí. Es decir, ninguno de los dos hemos podido evitar sentir un enorme dolor, tristeza y rabia (mucha rabia al principio, parecía que nunca iba a terminar) pero lo que sí está en nuestras manos es intentar ser mejor ex pareja que pareja, algo que creemos que se nos dará mejor.

El duelo. Palabras mayores. Una ruptura es como un duelo… Afortunadamente hemos contado con la ayuda de nuestras familias y nos hemos apoyado mucho en los abuelos. Emma y yo fuimos a menudo a casa de los iaios en Benicarló y yo me escapaba de vez en cuando a su piso de Castelló para seguir enviando Minis, trabajando y llorando pero, sobre todo, para estar con mis amigos de toda la vida, beber cerveza, reír con ellos y charlar mucho sobre las grandes preguntas de la vida: ¿Qué es el amor? ¿Qué es la pareja? ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo y adónde voy? Y de este modo me iba recomponiendo, recuperándome poco a poco y Emma no me veía tan triste y disfrutaba de una ración extra grande de amor incondicional con mis padres, mis tías, mis primas, mi abuelo.

No sé, pero tenía la sensación de que debía curarme de forma exprés ya que en septiembre íbamos a volver a Bilbao y tarde o temprano nos quedaríamos solas en casa y cuando llegase ese momento yo debía estar bien porque cuando una madre (y un padre) está bien, el hijo está bien. Como en los aviones: “Primero póngase usted la mascarilla, luego a su hijo”. Y creo que así ha sido y me siento orgullosa de ello porque no fue nada fácil ir a Alemania en agosto. Sobre todo a Berlin… Deambular sola por Berlin, sin conversación alguna durante siete días, aparte de las tertulias whatsaperas nocturnas con la cuadrilla, recordar a veces que en esa ciudad tuvimos nuestra primera cita… Y saber que cuando terminaran esos siete días volvería de nuevo a la casa de mis suegros, pasaría tres días más junto a ellos y me despediría de su casa, de su pueblo, posiblemente para siempre… porque ahora ya sólo nos veremos aquí, en Bilbao. Uffff….

Y llegó septiembre. No fue fácil, tampoco difícil. Fue doloroso. Pero en unas semanas los tres fuimos cogiendo las nuevas dinámicas y sintiéndonos mejor. De momento, las decisiones que hemos ido tomando las hemos escogido pensando en Emma. Confieso que no es fácil ni agradable pensar en custodias y que me debo repetir de vez en cuando que Emma necesita tanto a su padre como a su madre, porque como madre es muy tentador pensar que yo soy lo más y que conmigo la niña se sobra y se basta. Y no es verdad. Es solo un pensamiento irracional que creo que a todas se nos cruza por la cabeza en estos momentos de mierda. Todos los niños necesitan sentir cerca a las personas a las que más quieren, de lo contrario creo que se sentirían abandonados. Y es más: ex maridín y yo nos necesitamos el uno al otro. Sólo estamos él y yo en Bilbao. Podemos descasarnos, pero él y yo siempre nos necesitaremos, al menos hasta que la niña se haga mayor. He ahí la cuestión más jodida de una ruptura a nuestra edad y con hijos: no puedes arrancar de golpe la tirita, aguantar el dolor, hacer tabla rasa y seguir hacia adelante como si nada. El camino parece otro: quitar la tirita, dejar que todo el dolor aflore, que la cicatriz se cure al aire y seguir con nuestros imbricados caminos desde la cordialidad y el respeto. Escribirlo suena más fácil de lo que es, no te voy a engañar, pero en ello andamos.

Pues ya lo he soltado… Pero quizá falta algo por escribir, algo que me descubrí diciendo en voz alta el pasado sábado cuando celebramos con la cuadrilla de los niños el Thanksginving y es que a pesar de todo, a pesar del dolor, la rabia, la tristeza y el sentirme como la peor madre del mundo, no es todo ni tan feo ni tan malo. Más bien al contrario. Creo que ex maridín y yo somos unos valientes y estoy agradecida porque ambos nos hayamos dado permiso para tomar una decisión que hacía demasiado tiempo que veníamos postergando. Eso sí que me impresiona escribirlo. Pero así lo siento e imagino que así es la vida y que de casi todo podemos sacar buenos pensamientos.

Nada más por hoy. Voy a darle al botón de publicar el post más difícil que he escrito en estos seis años sin pensarlo más porque si lo pienso, no lo publico (llevo así tres meses). Ya iré escribiendo… con algo más de sentido del humor, espero, sobre esta nueva etapa y de todas las cosas que he ido reflexionado y descubriendo. Porque el divorcio es un hachazo, aunque sea de mutuo acuerdo, pero también es un momento para parar, pensar, reflexionar y reencontrarte contigo misma.

Un beso.

En la imagen, zumos de naranja valenciana y manzana alemana (yo soy valenciana y ex maridín alemán). Me hizo gracia 😉

 

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