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Una semana con los abuelos

¡Hola! ¡Mil perdones por el retraso! Esta semana estoy en casa de mis padres, en Castelló, y una vez más sigo peleando con las nuevas tecnologías para poder publicar… Ya tengo a mi madre medio convencida para que tire a la basura la carraca con la que escribo y se compre un ordenador nuevo que no se cuelgue cada dos por tres 😉 De momento os cuento que las fotos de la última quedada de madres primerizas en Sherwood Park se harán de rogar hasta el próximo lunes, cuando estemos de vuelta a Bilbao y pueda descargarlas y editarlas. Pero os adelanto que nos lo pasamos ¡de maravilla!

Emma, su padre y yo llevamos unos días de locura. Dicen que las mudanzas, junto con las bodas, es uno de los cambios más estresantes de la vida de las personas. Hace sólo cinco días nos despedimos de la guardería y ya estoy procesando la eliminación automática de ese recuerdo de mi memoria… En una emboscadas premeditada, las educadoras de Emma me hicieron entrar en la guarde antes de que llegaran todos los padres para despedirnos debidamente (cosa que quería evitar a toda costa). Entré, nos entregaron los dibujos que todos los compañeros le habían hecho a Emma y Olaia, la profesora de Emma, empezó a hablar. Automáticamente me eché a llorar. En mi defensa sentimental he de decir que lloramos todas. Las educadoras, yo y la niña, que la pobre no sabía muy bien qué pasaba. Para mi fue muy, muy emotivo y ni siquiera puedo expresar por escrito la pena que me produe dejar Dolaratxe. Como les expliqué a las educadoras, para nosotros ellas han sido las segundas madres de Emma. Sus adultos de referencia a los que quiere y respeta, con los que aprende y evoluciona y a los que acude en busca de consuelo, cariño y diversión. Estamos tan agradecidos por su labor que siempre las recordaremos con muchísimo cariño. ¡Gracias a todas! Y gracias a ti, Eder, por haber construido ese mundo para los bebés.

Lo dicho, tristísimo. Y no voy a escribir más sobre ello porque sino vuelvo a llorar. Como contrapunto, además de la pena, nos llevamos de Dolaratxe un último virus. Emma vomitó sábado y domingo, mientras que el lunes y el martes ha tenido una diarrea terrible. Apenas come desde el viernes. No está decaída, porque sigue jugando, pero le falta energía y está más mimosa que de costumbre. El que sí está fatal es maridín, de reposo absoluto en la cama después de que en la oficina le mandaran ayer a casa tras vomitar tres veces en cuatro horas. ¡Tremendo! Yo de momento me he librado. ¡Iep!

En la imagen, Emma y mi madre jugando con un balancín del parque Ribalta de Castelló de la Plana. La pequeña foto de arriba es de Vileda, ¡un anunciante! ¡Qué bien! 😉

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