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Lactancia prolongada

Antes de convertirme en madre primeriza, tenía muchas cosas claras acerca de la maternidad: qué madre quería ser, qué madre iba a ser y cómo llegar a ser esa madre que tenía en mente. Desgraciadamente, todas esas ideas tuvieron que irse al traste tras comprobar que no se ajustaban a las necesidades de la fiera. Descubrí que Emma era un bebé de alta demanda, además de una teta-adicta, que no estaba interesada en dormir y menos, en dormirse sola y a solas. Reajustamos nuestra hoja de ruta y fuimos felices… Bueno, yo casi, casi… Hay una cosa con la que nunca me he sentido a gusto del todo: la lactancia prolongada. Nunca fue mi opción, a pesar de lo cómodo (y necesario, diría yo) que ha sido: nos ha permitido dormir a la niña sin llorar, calmarla y consolarla con facilidad y darle ese vínculo tan fuerte conmigo que creo que ella necesitaba. En dos ocasiones intenté destetarla, pero no pudo ser: demasiados lloros, demasiada leche en mis pechos. Así que, con calma, paciencia y tranquilidad, aplacé la decisión. Pero el 8 de marzo de 2013, el día que Emma cumplió dos años, le empecé a explicar que ya era un bebé mayor y que pronto tenía que decir agur, agur (adiós, adiós, en euskera) a la teta. Que mamá ya no estaba cómoda dando teta en la calle, que a mamá ya no le quedaba mucha leche, que los dientes de Emma hacían daño a las tetas de mamá. Se lo he repetido una y otra vez. Y algo ha calado. Porque ayer, sin previo aviso -ni a ella ni a mi misma-, le dije a la hora de la merienda que ya no había más teta, que me dolían un montón porque con sus dientes me había hecho daño (¿suena cruel? ¡Pues es la verdad!). Y no está siendo tan complicado. ¿Llanto? Un poco a la noche, muchísimo esta mañana. Pero asumible. Así que desde ayer empezamos una nueva etapa, una etapa que creo que me gustará mucho más, ya que esta mañana se acurrucaba en mis brazos para ver los dibujos animados de un modo en que antes no lo hacía, supongo que porque ya tenía un contacto mucho más pleno cuando mamaba. ¡Pero yo no! Yo estaba incómoda y con dolor de espalda. Así que ahora mucho mejor. ¡Yuhuuu!

En la imagen, un cartel del Departamento de Salud de Estados Unidos fomentando la lactancia materna hasta al menos los seis meses de edad del bebé para reducir la obesidad infantil. Un cartel muy chulo, ¿no? ¡Ji, ji!

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