Más sólido, menos puré

Entre Alemania y España, no sólo existen diferencias gastronómicas en la comida y horario de los adultos, también en la de los bebés. ¡Menudos potitos tienen! Sólo en el Schlecker del pequeño pueblo de la abuela de mi chico, los alimentos para los más pequeños ocupaban las baldas de la izquierda de un pasillo entero: leches de fórmula, zumos, zumos mezclados con infusiones (en botellas de 750 ml) y muchos potitos. Como mi vocabulario alemán es tremendamente limitado, en vez de leer las etiquetas, miraba los dibujos. ¿El potito que más le gustó? El de cuscús con tropezones, que una ya es un bebé mayor. ¿Cómo va vuestra introducción de los sólidos? Nosotras nos tenemos que poner las pilas con los tropezones y empezar a aplastar con el tenedor en vez de triturar con la batidora. Pero es que me da tanta pereza… Hoy me he dicho que de mañana no pasa. Emma se siente súper orgullosa cuando come comida agarrándola con la mano y rompiéndola los dientes. Lo más de lo más es cuando come lo mismo que yo y le digo “choca esa rosquilleta” y chocamos nuestras rosquilletas antes de llevárnoslas a la boca al mismo tiempo. Nos gusta tanto esa broma que incluso le doy galletas de las mías (con azúcar y a saber qué más) en vez de las suyas, que son tan sanas. Total, que mañana saco el babero-chubasquero de Ikea y hacemos la prueba. ¿Alguna sugerencia? ¿Alguna verdura fácil de comer con los dedos?

En la imagen, la mesa preparada con nuestro desayuno en casa de los suegros. Una de esas mañana, Emma robó la cucharilla de su padre, que tenía restos de la yema escalfada. A ella le encantó y nosotros le dimos la bienvenida al huevo en su dieta. Accidentalmente, pero es que con casi diez meses, es lo que hay.

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