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En su propia habitación

Tres años, nueve meses y 28 días. Ese es el tiempo que ha necesitado Emma para dormirse sola en su propia habitación. Lo hizo ayer, fue un hecho histórico. No digo que se vaya a repetir, por ejemplo, esta noche, que aprendida tengo la lección de que los hechos históricos pueden ser puntuales, pero es que he dormido tan bien y tan ancha que lo quería gritar a los cuatro vientos. ¿Cómo ha ocurrido? Aquí va el paso a paso para las que colechan a la fuerza como nosotros:

  • Todo ha ocurrido muy rápido. Sin duda, ella estaba preparada; nosotros sólo la hemos alentado.
  • En Navidades, en casa de los suegros, por primer vez durmió en una cama-cuna empotrada a nuestra cama. En vez de metida en nuestra cama, quiero decir. Le gustó y se sintió cómoda. Tanto fue así que nos pidió que le compráramos una cama igual. “¿Y dónde la colocaríamos?”, le preguntamos. “Contra mi pared”, respondió ella. “¿La pared de tu habitación?”. Hubo unos momentos de duda pero respondió que sí. ¡Oe, oé! Anteriormente, en diciembre, nos había pedido una cama para ella sola para colocarla al lado de la nuestra. Le explicamos que no hay sitio. Ella nos sugirió que la empotráramos en los pies de nuestra cama, cerrando el paso, y que cada vez que quisiéramos abrir el armario nos quitáramos las botas para saltar por su cama y alcanzar el armario. Nos negamos en rotundo por problemas de logística, pero le dijimos que buen intento 😉
  • Viendo que la fiera ya estaba madura, o que le falta espacio en nuestra cama, la Reina Maga de su santa madre le regaló ayer un despertador, acompañado por una carta explicativa en la que los Reyes Magos le señalan lo afortunados que se sienten sus padres por ser sus padres, esperando que le gusten sus regalos e invitándola a usar la radio-despertador por las mañanas para no llegar tarde a la escuela. Así que anoche, tras leerle un cuento en nuestra cama y haber puesto la guirnalda de luces del árbol de Navidad en su habitación, se fue con sus peluches a su cama. Salió tres veces a mendigar la ayuda de su padre. Su padre fue tres veces a satisfacer sus necesidades afectivas en este paso histórico. Y se durmió. Sola. No ha venido a nuestra cama en toda la noche. Esta mañana he encendido el despertador manualmente y ¡se ha quejado! “¿Por qué no me ha despertado?”. “Mamá programó mal la alarma, hoy lo arreglo y mañana te despertará el despertador, cariño”.

¡¡¡¡Tachán!!!!

Señoras, hay esperanza. Feliz lunes.

En las imágenes, Emma caminando por la nieve y el cielo desde el avión.

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