El olor de otra mujer

El periodo de adaptación será largo, tanto para Emma como para mi. Pero el pasado viernes se quedó sin llorar cuando la dejó su apdre, lo cual fue un gran paso con el que culminar las primeras dos semanas de guardería. Cuando la recogí, su cuidadora me puso deberes: dejarla jugando sola en casa, aunque llore un poco. Si antes de la guardería Emma no se separaba ni dos metros de mi falda, este fin de semana se ha convertido en una niña independiente sin rechistar. Es una faena, todo hay que decirlo, ya que desde lejos escucho sus juegos y cruzo los dedos para que no se ahogue, caiga o vete tu a saber qué. Lo único que sé es que cuanta más autonomía tiene un bebé, mayores son los destrozos a su paso, dado que ninguna casa está adaptada a ellos. ¿Qué te dejas papel de cocina a su alcance? Pues a tu vuelta encuentras todo un reguero de papel desmenuzado. ¿Cuánto resultó ser comestible? Ni idea, esta niña traga más celulosa que tierra. Y no es porque no lo intente, porque siempre que puede maltrata a la única planta que tiene a su alcance. Pero volvamos al grano. Desde mi punto de vista, si se puede evitar, es mejor no llevar a los niños a la guardería. Pero si no hay otras opciones, es un interesante desafío, tanto para el bebé como para los padres. Ahora bien, cuando el jueves Emma regresó a casa con el olor de su cuidadora impregnado en el pelo y jersey, se me partió el corazón. Estoy segura de que así se sienten las mujeres que descubren el olor del amante de su pareja en el cuerpo de ésta. Muy fuerte.

En la imagen, reproducción de la acuarela “Autumm day 2” de Amber Alexander, a la venta en Etsy. Paisaje otoñal, como mi corazón cuando Emma no está. Ejem, esto último es mentira. Debo decir que mientras mi marido lleva a la pequeña a la guardería, me he quedado en la cama durmiendo una hora más.

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