Recuperar la talla

Soy casi yo. Cuando salí del hospital después de tener a Emma y haber ganado diecisiete quilos durante el embarazo, pensaba que perder peso y recuperar la figura iba a ser pan comido. “Nein”, que diría mi marido. Perdí doce quilos rápidamente: los cuatro de Emma, la placenta, el líquido amniótico, litros y litros de líquidos variados que mi cuerpo retenía, etc. No obstante, diecisiete menos doce son cinco. Alguna vez, fluctué un poco. Quilo arriba, quilo abajo. ¡Qué alegría sentía! Pero era una bajada pasajera que mi cuerpo se afanaba en compensar rápidamente almacenando las siguientes comidas que ingería. Cuando Emma cumplió nueve meses, todo empezó a cambiar. De repente, empecé a perder peso. Digo de repente porque jamás de los jamases renuncié a mis pantagruélicos desayunos, abundantes comidas y calóricas meriendas. ¿Las cenas? A esa hora ya estoy tan cansada que no me queda ni hambre. En fin, que en Navidades perdí peso incluso alimentándome exclusivamente de pan, mantequilla y tartas (dieta alemana obliga). Y es que en realidad poco tiene que ver en mi caso cuánto se come, sino cómo se metaboliza y almacena, amén de las hormonas. Por supuesto, el ejercicio ayudaría muchísimo. Es más, el mes pasado fui a un par de clases de suelo pélvico en el polideportivo municipal y me sentí como la modelo de la foto: esbelta, grácil, torneada. Ella es Alessandra Ambrosio, que actualmente se encuentra embarazada de su segundo retoño. En la imagen la veis poco antes de dar a luz a su primera hija y tres meses después desfilando en Miami Beach. Tres meses… No duda en reconocer (estúpido sería no hacerlo) que para lograr su antigua talla trabajó muy duro todos los días con su entrenador personal.  Lástima no tener uno, porque durante un año me deprimía al abrir el armario y no poder ponerme nada. Excepto la ropa premamá, claro. ¡Arg!

En la imagen, la modelo brasileña Alessandra Ambrioso antes de dar a luz a su primer bebé y tres meses después. PD: Acerca de mi lenta y natural pérdida de peso, recuerdo que sigo con lactancia materna, por lo que en mi caso  las hormonas juegan todavía un papel muy importante a la hora de quemar (o no) las grasas. Además, para producir leche necesito comer en grandes cantidades.

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