Opciones, trucos, pastillas

El destete es como el posparto; nadie te lo cuenta. Cuando estás embarazada, te preparan para el parto y la lactancia. Lo demás, te lo vas encontrando por el camino. En el nuestro, el concepto destete suena a marcianada. En mis planes de embarazada, estaba amamantar a Emma durante seis meses exclusivamente con mi leche, ir sustituyendo progresivamente las tomas con leche de fórmula y destetarla completamente al año. Todo súper ideal. Ahora que conozco a mujeres que tenían hijos teta-adictos (como Emma) y ya han pasado por ese trance, mis temores siguen creciendo. Una madre primeriza me contaba ayer que ella se untaba los pezones con limón para que fuera menos traumático para su hijo. “¿Quieres teta? Bueno, intenta, pero es que creo que no hay”. ¡Buen truco! Después de varias noches con los ojos como platos y mucho, muchísimo llanto, la madre encontró el modo adecuado de consolar a su hijo sin recurrir a la teta. Ahora bien, el niño no se tomó un biberón hasta un mes después (tiempo en el que la madre le dio muuuchos yogures). Cada vez estamos más cerca de marzo. Emma cumplirá un año y yo sólo pienso en el destete. Sobre la lactancia materna existen muchos mitos, prejuicios y leyendas urbanas. ¿Mi conclusión? Como mi niña no es una ternera, creo firmemente que lo mejor para ella es mi leche, el perfecto alimento para los bebés de nuestra especie. Pero, honestamente, la lactancia es muy sacrificada para la madre y llega un momento que, teniendo en cuenta las opciones del mercado y nuestra saneadísima red de agua potable, preferiría abrir el grifo de la cocina, calentar un poco de agua y añadirle unos polvitos. Aunque sean de vaca y a Emma todavía no le gusten. De momento, para ir conociendo las posibilidades que tengo (destete natural o con pastilla) y conocer más trucos, voy a pedir cita con la matrona para que me asesore.

En la imagen, una de mis fotos preferidas a la vuelta del hospital. Mi teta es asombrosamente tan grande como la cabeza de Emma. Ella es tan asombrosamente pequeña que ya ni lo recuerdo. Su pie está tan estirado que parece que todavía no se cree que ya no está dentro de la barriga. Y su cara de satisfacción tras la toma ya vaticinaba su adicción… Y mientras, ¿qué hacía yo? Mirar si tenía el pañal sucio, ¡jiji!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...