Estragos de la maternidad

Una madre de mellizas, que ya han cumplido tres años, me contó recientemente que fue a visitar el médico preocupada por su memoria. No sabía qué le pasaba, se le olvidaban las cosas y andaba despistada todo el tiempo. “Tengo un problema”, sintetizo ella. El médico, con bastante sorna, le respondió: “Tu problema se llama X e Y”. Léase por X e Y el nombre de sus niñas. Después de tan sabia valoración, ahora ya no se asusta cuando encuentra en el armario alto destinado a los productos de limpieza un brick abierto de leche y asume, sin problemas, que ella lo guardó allí en vez de en la nevera. “¿Dónde estará el cargador de la batería de la cámara de fotos?”, me pregunto a todas horas desde hace días. Sé que está en casa y que no lo he perdido. Simplemente, lo guardé en un lugar seguro, alejado de las manos de Emma y del polvo. ¿Dónde? A saber. Me estoy volviendo loca buscándolo. Hoy he ido a la tienda a preguntar cuánto cuesta uno nuevo. Treinta y cinco euros. Maldita sea. A seguir buscando.

PD: Ninguna foto ilustra este post porque no tengo batería para sacarla.

PD2: La madre que menciono sí duerme suficientes horas del tirón, pero trabaja fuera de casa a jornada completa.

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