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Extractos del libro Cómo ser mujer

He leído recientemente el libro Cómo ser mujer de la periodista y crítica musical inglesa Caitlin Moran (heterosexual, casada y madre de dos hijas). Ella es hilarante y ácida. La obra es una oda al feminismo y confieso que es el único libro sobre feminismo que he terminado. Es tronchante y cada uno de sus argumentos son aplastantes. Pero, ojo, hay que leerlo y leer suficientes páginas para sumergirse en su tono irónico y sarcástico. Por eso quizá estos párrafos, sacados de contexto, sean too much para vosotras. Si os gusta juzgar a los demás, no lo leáis. Si no tenéis una perspectiva amplia y juguetona de la vida, por favor, parad de leer aquí mismo. Caitlin Moran no es para vosotras. Recojo algunos de los mejores extractos porque mientras leía pensaba: “Tengo que compartirlo en el blog, este libro es la bomba”.

Sobre ser feminista (pág. 94):

Así que aquí tienes el modo más rápido de averiguar si eres feminista. Ponte manos a la obra.

a) ¿Tienes vagina?

b) ¿Quieres responsabilizarte de ella?

Si en ambos casos has contestado “sí”, entonces ¡enhorabuena! Eres feminista. 

Sobre la exaltación de algunas feministas y el rechazo que genera en algunas personas (pág. 96):

Necesitamos la única palabra que hemos tenido para describir “hacer que el mundo sea igual para hombres y mujeres”. La reticencia de las  mujeres a utilizarla es muy mala señal. Imagina que en los años sesenta se hubiera puesto de moda entre la gente de color decir que “no estaban a favor” de los derechos civiles:

“¡No! ¡No estoy a favor de los derechos civiles! Ese Martin Luther King es demasiado gritón. Sinceramente, debería tranquilizarse”.

 

Sobre contratar ayuda doméstica (pág. 97):

Pero, por supuesto, al contratar una ayuda doméstica ninguna mujer está oprimiendo a otra, ya que LAS MUJERES NO INVENTARON EL POLVO. EL RESIDUO PEGAJOSO QUE SE ACUMULA SOBRE LA TETERA NO PROCEDE DE LA VAGINA DE LAS MUJERES. NO ES ESTRÓGENO LO QUE LLENA LOS PLATOS DE LA CENA DE SALSA DE TOMATE, MIGAS DE PESCADO EMPANADO Y RESTOS DE PURÉ DE PATATA. MI ÚTERO NO SUBIÓ CORRIENDO LA ESCALERA PARA DEJAR TODA LA ROPA DE LOS NIÑOS EN EL SUELO, NI PUSO MERMELADA EN LA BARANDILLA. Y MIS TETAS NO SON RESPONSABLES DE QUE LA ECONOMÍA GLOBAL ADJUDIQUE EL TRABAJO DOMÉSTICO A LAS MUJERES.

El desorden es un problema de la humanidad. Las tareas domésticas nos atañen a todos. Si un hombre contratara a un señor de la limpieza, todos lo considerarían un simple acto laboral. Por qué el hecho de que una pareja heterosexual contrate a una señora de la limpieza se considera una traición al feminismo es algo que no tiene ni pies ni cabeza, a no ser que estés convencido de que llevar una casa es de alguna manera:

a) una obligación ineludible de las mujeres, que además

b) se hace siempre únicamente por amor, nunca por dinero, porque eso “estropea” en cierto modo la magia del hogar. Como si los platos supieran que los ha lavado la persona contratada, en vez del ama de casa, y se sintieran “tristísimos”.

Sobre los tacones (pág. 231):

Y, sin embargo, tengo entendido que mi colección de Zapatos Que No Me Pongo (perfectamente alineados en una caja debajo de la cama, como un ejército de terracota, de la talla 39) es bastante discreta dentro del conjunto de Colecciones de Zapatos Que Las Mujeres No Se Ponen. Tengo una amiga que tiene veintisiete pares de zapatos de tacón de los que no puede desprenderse, aunque sólo se los ha puesto una, dos o incluso ninguna vez. Todas las mujeres tienen algún alijo de zapatos escondidos en algún lugar de la casa

Sobre el parto (pág. 258-259):

A decir verdad, el parto da a la mujer un buen par de pelotas. La felicidad que te invade al comprender que todo ha terminado, y que no has muerto, puede durarte toda la vida. Eufóricas y animadas por lo valientes que han sido, las flamantes madres ordenan por fin a sus parientes políticos que se retiren, se tiñen el pelo de rojo, dan clases de conducir, trabajan como autónomas, aprenden a utilizar un taladro, experimentan con ingredientes thai, bromean sobre la incontinencia y dejan de tener miedo a la oscuridad.

Sobre la crianza (pág. 261):

Pero, aunque es fácil sucumbir a un ataque de autocompasión, empapado en ginebra y de diez años de duración, en medio de los legos, prefiero mirar todo este asunto de la maternidad desde un ángulo más positivo.

En primer lugar, y lo más ostensible, está el mero placer emocional, intelectual, físico y químico que te dan los hijos. La verdad es que no hay gratificación mayor en el mundo que estar tumbada en la cama con tus niños, poniéndoles una pierna encima, medio aplastándoles, mientras les dices con seriedad: “Eres una caca”.

Botellas de excelente champán de quince mil libras; globos aerostáticos sobrevolando las migraciones de los ñus; zapatos de piel de tiburón con un diamante en la suela; París: estos son, en última instancia, los premios de consolación para quienes no tienen acceso a algún niño pequeño, a ser posible ligeramente mugriento, con el que jugar, y al que dar pellizcos y estrujar un poco, llenos de ridículo amor.

Sobre el machismo inherente sobre la obligación de preguntar por la maternidad en sus entrevistas a artistas famosas (pág. 276):

Sólo con las mujeres, sin embargo. Nunca me han pedido que haga esa pregunta cuando entrevisto a un hombre. Jamás te piden que le preguntes a Marilyn Manson si ha estado paseando por JoJo Maman Bébé [una famosa tienda inglesa de puericultura] acariciando patucos minúsculos y llorando.

Sobre cuando te preguntan si vas a tener hijos (pág. 277):

Cuando la gente pregunta a las mujeres que trabajan “¿Cuándo vas a tener un niño?” lo que realmente preguntan es “¿Cuándo vas a dejar el trabajo?”.

Y la pregunta siempre es “¿Cuándo vas a tener hijos?”, en vez de “¿Quieres tener hijos?”.

Y sobre el reloj biológico y la presión social de ser madre:

Por un lado, no la querían realmente [compara la maternidad con una preciosa chaqueta de cachemir ahora rebajada]; pero, por otro, ¿y si no se les volvía a presentar la oportunidad? Más vale prevenir que curar.

No es extraño que una madre diga a las dos de la mañana, empujada a sincerarse por el alcohol: “No es que me arrepienta de haber tenido a Chloe y a Jack. Es sólo que, si pudiera volver atrás, no sé si tendría hijos”.

Sobre porqué no necesitamos ser madres para sentirnos completas y realizadas ( pág. 283):

Te diré que, por muy importante que haya sido para mi ser madre, he visto exposiciones del trabajo de Coco Chanel que me han parecido mucho más impresionantes. Creo que es importante admitir eso. Si tienes un talento alucinante y no tienes mucho instinto maternal, ¿por qué no seguir con lo que estás haciendo y pasarlo bien? 

(…)

El feminismo necesita tolerancia cero con la angustia de tener hijos. En el siglo XXI, no podemos seguir pensando a quién podríamos crear, y lo que ellos podrían hacer. Tenemos que pensar quiénes somos y qué vamos a hacer. 

Además, al haber decidido mantenerse libre como el viento, sin fecundar y en el tope de su creatividad, Caz [una de sus hermanas] siempre está disponible para cuidar de mis hijas. Voy a conseguirle un DIU por Navidad.

Sobre el aborto voluntario de un embarazo por penalti en medio de la lactancia cuando ya era madre de dos niñas, una de ellas bebé (pág. 314):

Y lo más importante de todo, por supuesto, es ser querido, deseado y cuidado por una madre razonablemente cuerda y estable. Puedo decir con sinceridad que el aborto fue una de las decisiones menos difíciles de mi vida. No peco de frivolidad al decir que tardé más tiempo en decidir qué encimera ponía en la cocina que si estaba preparada para ser responsable de un futuro ser humano el resto de mi vida, porque sabía que hacerlo de nuevo -comprometer mi vida con otra persona- forzaría al límite, casi con seguridad, mis facultades y la idea de quién soy y quién quiero ser, y lo que quiero y necesito hacer. La idea de que, en una época anterior, o en otro país, podría no haber tenido elección sobre esto, me parece una barbaridad psíquica y emocional.

Como escribe Germaine Greer en La mujer completa, “convertirse en madre sin quererlo es vivir como una esclava o como un animal doméstico”. 

Por supuesto, existía también la posibilidad de que llegara a agradecer la llegada de un tercer hijo. Podría haber nacido, obligándome a descubrir nuevas reservas de energía, dedicación y amor. Podría haber sido lo mejor que me ocurriera jamás. Pero yo, personalmente, no soy jugadora. No gastaría una libra en lotería, así que ¿cómo apostar por un embarazo? Las apuestas son demasiado, demasiado elevadas. No puedo estar de acuerdo con una sociedad que me obligase a apostar cuánto podría amar bajo coacción.

En la imagen, la portada de la revista The Time con Caitlin Moran de protagonista tras publicar en 2011 el libro Cómo ser mujer. En español, editado por Anagrama. Ya me diréis qué os ha parecido.

 

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