El stick de arnica pasa la prueba

Hoy lo llamo el chichonazo, pero ayer casi me da algo al ver a Emma caerse desde la ventana de la caseta del parque infantil, aterrizando sobre la tela asfáltica con la frente y dando una voltereta de campana en la que creí que se había roto el cuello. Mis primeros pensamientos fueron: “¿Mueve los brazos? ¿Y las piernas?”. Recuperada la movilidad (que jamás perdió), la cogí en brazos hasta que se cansó de llorar. Tampoco fue mucho, no os creáis. Llora mucho más cuando la pongo al carro en contra de su voluntad. Sin embargo, eran lágrimas verdaderas de susto y dolor. ¡Vaya huevo le salió en la frente! Emma es muy cuidadosa y apenas ha tenido caídas, ninguna tan aparatosa como esta. En los siguientes parques y plazas en los que estuvimos, varias madres, incluso desconocidas, observaron el gran chichón de Emma y dijeron comprensivas “menudo susto, ¿eh?”. “Buf, ni te cuento”, contestaba yo antes de recibir un consejo unánime: “¿Le has untado el chichón con el stick de arnica?”. “Uy, pues ni se me había ocurrido”. Y ellas me ofrecían el suyo, que llevan siempre en el bolso. A partir de ahora, yo también. ¡Gracias mamás! Para cuando llegamos a casa y le saqué la foto, el chichón había menguado considerablemente.

En la imagen, la bella Emma repeinada para que podáis ver, más o menos, el chichón menguante.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...