Vómitos y diarreas

El estómago de Emma se ha revelado. Justo hoy, que no habíamos ido al parque a comer hojas y ramas y apenas hemos estado en casa, donde todo termina en la boca. Casi todo el día lo hemos pasado paseando. Pero los cambios bruscos de temperatura no son nada buenos para el organismo y, quizá por este motivo, se encuentra mal, con algo de tos y mucho dolor de barriga. Eran casi las diez de la noche y no cogía el sueño, ni tampoco el pecho. Lo buscaba, se enganchaba y se apartaba. Lloraba y llevaba un par de horas con arcadas. Antes había hecho una caca muy floja, ella que siempre va tan estreñida. No parecía que fueran los dientes, pero por si acaso lo eran y lo estaba pasando fatal, le he dado paracetamol. Ese ha sido el desencadenante, que creo que necesitaba, ya que tras dárselo ha empezado con arcadas para escupirlo. Como intuía que aquello pintaba mal, me he levantado de la cama y la he abrazado fuerte y, justo entonces, a un paso de la cama, ha empezado a vomitar. Ha vomitado por encima de mi hombro, mientras la sostenía fuerte y me quedaba quieta esperando a que terminara. Mi chico ha oído que algo pasaba y ha venido a vernos, llegando a tiempo para la segunda tanda, que directamente ha ido a parar al parqué. Raudo y veloz ha ido a por la fregona y sorprendido se ha quedado cuando le he dicho: “Sujeta a la niña, que tengo que quitarme la ropa”. Mi camiseta y pantalón estaban empapados y el edredón nórdico, la sábana bajera, los calzoncillos (sucios) de mi consorte tirados por el suelo, el suelo, el pijama que llevaba Emma y Emma estaban bastante manchados. Después de un baño caliente y un poco de pecho, la niña se ha dormido. Lo mejor de todo, bendita lactancia materna, es que cuando Emma ha cogido la teta, he sentido como tenía una subida de leche. Para esas horas mis pechos suelen estar vacíos, pero la niña necesitaba más, así que mi cuerpo ha reaccionado rápidamente. Ahora sólo espero que haya sido un virus fugaz. Esta es la primera vez que la pequeña enferma, a pocas horas de cumplir ocho meses. Bien, ¿no?

En la imagen, vía Wikipedia, la obra Otoño del pintor manierista Giuseppe Arcimboldo (Milán 1527-1593).

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