Reflexiones

¡Hola! ¿Qué tal el verano? Nosotros hemos asentado las bases de nuestro nuevo marco territorial después de decretar la independencia tras un referéndum pactado y consensuado. De momento hemos evitado intervenciones judiciales y hemos pactado que mi piso sea el hogar de Emma, con quien de normal vivo yo, y que ex maridín, el cual se está portando como un campeón y la lleva o recoge del cole cada día, habite aquí cuando se ocupa de ella full time. ¿Y mientras tanto que hago? Me exilio a Zarautz al piso de mi compañero (yep, sí, tengo churri nuevo). La creatividad, la serenidad, la empatía, la toma de decisiones consensuadas son…. ufff… cualidades difíciles de encontrar en tiempos de revuelta. Pero más o menos lo hemos conseguido. España no.

Ya sabes que no suelo hablar de política porque aquí somos muchas y cada una tiene su propia ideología, pero estamos llegando a un punto en que creo que es necesario parar, pensar, escuchar y reflexionar desde la sensatez. Y anoche mientras miraba a las alcaldesas Manuela Carmena (Madrid) y Ada Colau (Barcelona) en el programa de La Sexta El intermedio me pregunté ¿por qué cuesta tanto? Porque es muy fácil perder el norte y caer en la tentación de nuestras propias convicciones. Ya lo decía el poeta de mi tierra Joan Fuster: I al capdavall, per circular per la vida, no calen massa conviccions. N’hi basten tres o quatre. Només. Convicciones las justas, bastan tres o cuatro, a lo sumo.

Volviendo a la metáfora del divorcio, si una persona de la pareja lleva años queriéndose separar, ¿se lo prohibirías porque tú quieres seguir estando casada aunque no te quiera o aunque no os queráis? ¿Hemos vuelto al franquismo cuando el divorcio estaba prohibido? En los países del mundo surge de tanto en tanto este conflicto y para resolverlo celebran referéndums, como recientemente en Gran Bretaña. El Reino Unido no quería seguir en la Unión Europea y decidió irse. Y obviamente yo no voté en contra. Ni tenía, ni merecía la oportunidad de votar en su referéndum, aunque me dé pena el Brexit. Sólo Catalunya puede decidir su futuro y los referéndums son la única manera sensata de resolverlo. Y si Catalunya quiere, desea y pide un referéndum es porque probablemente lo necesita.

Carmena recordaba anoche en la tele que Catalunya debe expresarse; que ser independentista no es un delito, sino una opinión; que el Código Penal no está pensado para penar un movimiento social, sino hechos aislados, y dos millones de personas no son actitudes aisladas, y que la Constitución no es la Bilbia, podemos reescribirla entre todos. Recordó también que los objetores de conciencia y los insumisos reescribieron el Código Penal, forzando la abolición del servicio social sustitutorio y la mili. ¿Te acuerdas? El futuro incierto inquieta. ¿Tendré en unos meses doble nacionalidad? Soy nacida en Catalunya…

Me asusta y me da mucha pena que el Gobierno español, el PSOE y el Tribunal Constitucional consideren que preguntar sea un verbo delictivo. Y aún me asusta más que haya gente crea que responder y sentir también lo son. De votar y de decidir ni hablamos. ¿Pero por qué? Estos días creo que la democracia real asusta. ¿Tú también crees que se debería poder celebrar un referéndum pactado y vinculante? (Ya, ya sé que el Estado no ha ofrecido esa oportunidad, pero es el que desearía yo). Y si no crees en los referéndums, ¿cuál crees que sería una posible solución a este conflicto? ¡Besos a todas! ¡Toooodas!

En la imagen, uno de los faros de Belle-ile-mer, la isla que recorrimos andando (bueno, casi) en vacaciones. Los faros ayudan a los marineros en momentos de mala mar y de oscuridad a no perder el norte…

 

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