Clases prenatales

La clase prenatal de ayer fue íntima y muy reveladora. Apenas éstabamos cinco embarazadas, pero muy dispuestas a escuchar y aprender. El tema de la charla era el puerperio y los cuidados del recién nacido. El periodo del posparto se alarga unas seis semanas, en caso de parto vaginal, y hasta doce con cesárea. A este tramo de tiempo se le conoce popularmente como la cuarentena y, aunque muchas sabíamos que es cuando todavía no se puede tener sexo, poco más sabía yo. La matrona nos advirtió, sobre todo, de los cambios emocionales que podemos sentir, ya que muchas mujeres se sorprenden al no sentirse felices, a pesar de tener ya a su bebé en brazos. La tristeza, la desesperación, las lloreras y la irascibilidad serán sentimientos que podrán acompañarnos esos días gracias a nuestras amigas las hormonas. El cuerpo debe recuperarse, no sólo físicamente. Y si a eso le añadimos una situación desconocida y que no podemos controlar (¿por qué llora el bebé? ¿por qué no tengo tiempo ni para ducharme?), es normal que aparezca un sentimiento de frustración. ¿Moraleja? Que no nos preocupemos, que la tristeza se irá, que lo hablemos con amigas y madres recientes, que si estamos desesperadas llamemos a la matrona. Que no pasa nada. Que todo es normal.

Las embarazadas allí presentes concluimos que éste es el secreto mejor guardado sobre el embarazo y la llegada del bebé, ya que nadie te avisa con antelación de que el primero e incluso segundo mes de vida del recién nacido pueden ser muy duros para la madre. Otro tema delicado que abordamos fue el de las visitas hospitalarias y en el domicilio de los padres. ¿Realmente queremos que nos visiten en el hospital? Depende de la madre y de cómo esté. En el hospital de Basurto no existen límites de entrada y salida, por lo que la situación en la habitación compartida de la madre puede llegar a resultar muy incómoda: sus visitas, las visitas de la compañera, intentar dar el pecho, que el resto no le vea el pecho, aprender a cambiar el pañal, que los visitantes no despierten al bebé, intentar dormir cuando el bebé duerme, que las visitas no la despierten… ¡Agotador! Y todo eso después de muchas horas de parto y, seguramente, después de varios días sin dormir. Por eso se nos cayó la baba cuando la comadrona nos contó una costumbre nórdica, donde los partos en casa son habituales. Nos explicó que las visitas acuden al domicilio de los padres recientes con pucheros y guisos listos para congelar. De este modo, contribuyen a ayudarles en los primeros y caóticos primeros días de vida del bebé, unos días en que toda ayuda es poca.

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