El sueño del bebé

He aquí las novedades de los últimos días en mi cruzada contra la vigilia de Emma: esta tarde se ha dormido en mis brazos y no en mi pecho. ¡Bien! Tal y como sugería Garner Douglass, este es un gran paso. Aunque no he hecho absolutamente nada para conseguirlo. Todo el mérido es de la enana. El hito ha tenido lugar en la habitación del hospital donde sigue ingresado su padre (sí, todavía…). Ha estado comiendo un rato largo, tanto que ha vaciado completamente los dos pechos y, saciada, ha optado por dormirse mientras me miraba a los ojos. Ha sido precioso, a qué negarlo. No obstante, he de reconocer que estos últimos días también hemos dado un paso hacia atrás. Dada la situación familiar, le pedí a mi madre que viniera a echarnos una mano porque yo sola no podía con todo (la niña, el hospital, la casa, yo). Sin pensárselo dos veces, se montó en el coche y condujo sola los más de 600 kilómetros que nos separan para hacerse cargo de su nieta y de su hija. Emma pasa mucho tiempo con ella, alejada de mi teta y de los virus y bacterias del hospital. Será porque no huele la leche, pero últimamente mamaba menos durante el día… ¡y más de noche! Así que hoy he procurado alimentarla mucho y ya os contaré qué tal pasa la noche. ¡Ah! Como apuntaba Mónica en un comentario, y tras charlarlo con otras madres, cuanto más duerme de día, mejor pasa la noche. Y es que estoy segura de que los bebés que llegan cansados a la hora de dormir (habiendo hecho pocas siestas), están más nerviosos y les cuesta dejarse caer en brazos de Morfeo.

La foto, vía Wikipedia, el cuadro “Morfeo e Iris” del pintor francés Pierre-Narcisse Guérin.

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