Dentición infantil

Leí y escuché que los niños se acostumbran al dolor provocado por la dentición. No es nuestro caso. Emma sigue enhuesando las encías y el colmillo izquierdo ya le marca (tiene dos paletas, dos incisivos y tres dientes de abajo). La niña nunca había estado sin comer. Hasta este fin de semana. El lunes la llevamos a la pediatra, porque estábamos realmente preocupados. La doctora le vio la garganta un pelín inflamada, nada más. Emma había tenido calentura y sólo en la noche del domingo rebasó los 38º (38,2º, que no es mucho). El dolor que ella expresaba no se correspondía a una escasa inflamación de garganta. “¿Quizá la barriga?”, le pregunté a la pediatra. No si no presentaba diarrea, heces blandas o, al menos, abundantes.  Así que nos hemos pasado unos días con la niña en brazos hasta que le dábamos ibuprofeno, paracetamol o supositorios homeopáticos contra el dolor de dientes. También la hemos paseado bastante para distraerla, y posiblemente hemos regresado a casa con algo de gripe (en Bilbao ha hecho mucho frío y ha llovido a cántaros). Pero lo más curioso de todo es que Emma apenas ha comido alimentos sólidos en cuatro días. Por fin he entendido a las madres que se desesperan al ver cómo sus hijos no comen. Lo único que le apetecía era teta y zumo de naranja (otro motivo más para pensar que no era la barriga lo que le dolía). Hasta le compré Petit Suisse por si acaso le apetecía algo diferente. Hoy está algo mejor y ha vuelto a la guardería. ¡Por fin!

En la imagen, las mejillas de Emma un poco enrojecidas y brillantes de babas. Con el dolor de dientes, poco a poco, el color va subiendo de tono, la piel se le cuartea y las babas son tan ácidas que el pis de la niña huele a amoniáco.

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