La guardería, íntimo paraíso

En la guardería nos han pedido que hoy vistamos a la fiera de domingo. Un fotógrafo profesional les retratará para actualizar las imágenes de la página web. Cumplir con la petición ha sido un reto, pero finalmente hemos caído en la cuenta de que era el día perfecto para estrenar el maravilloso vestido que mi madre le regaló hace unos meses. Se trata de una prenda de la marca inglesa Powell-Craft que compró en un viaje a las Islas Canarias. Tiene ese aire retro que le da un toque especial, a medio camino entre lo ñoño y molón. ¿No está preciosa? Además de ponerla guapa, la hemos enviado a la guardería con un chute de ibuprofeno después de berrear varias horas. Las dos primeras muelas de abajo están presionando para romper la encía. A la vez, ¡auch! Por eso ha sido imposible fotografiarla contenta. En la guardería lo tendrán mucho mas fácil. El antinflamatorio ya habrá hecho efecto, además, la niña va encantada. Cada mañana le da los zapatos a su padre para indicarle que “veeenga, vámonos ya a la guardería”. O señala su chaqueta: “¿Me la pones? Es que quiero irme”. La semana pasada hubo una crisis en la guardería con una fuerte gastroenteritis que afectó a toda la clase y varicela, con tres niños enfermos. Emma se quedó en casa el jueves y el viernes, más los dos días del fin de semana. Cuando en la tarde del domingo le puse el DVD de carnavales de la escuela infantil, se quedó muy triste (jamás la había visto así). “Emma, cariño, ¿te pasa algo?”, le decía. Ella no reaccionaba, ni os imagináis la carita de pena que tenía. “Pero bichito, que mañana volvemos a clase. No te preocupes, que volverás a verles a todos”. Increíble pero cierto. Tuve que esforzarme bastante y convencerla, cosquillas  mediante, de que iba a volver a la guardería, su paraíso particular. Jamás imaginé esta situación.

En la imagen, Emma con cara de dolor de dientes subida al Bobby Car y vestida de domingo.

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