Superar la enfermedad

No sé quién se sorprendió más. Si mi marido por descubrir lo bien que huele Emma cuando la achuchas mucho o Emma al ver lo alta que puede estar en brazos de papá. En cualquier caso, el jueves teníamos la cita con el cirujano. Todo marcha fenomenal, tanto que le dio permiso para coger a la pequeña en brazos. Él los alargó corriendo y usurpó al bebé del yugo materno en un plis plas. Qué bien, qué felicidad. Los ojos se me humedecieron en la consulta del doctor y tuve que contenerme para no llorar de emoción. ¡Bye, bye, hernia!

En la foto, ese mismo día repetimos la gesta para capturarla con la cámara. Poco a poco, a medida que el postoperatorio avance y muscule la espalda y el abdomen, mi chico cogerá más a menudo a su hija. Asegura que no poder cogerla, mientras ella pasaba de brazo en brazo de otras personas, ha sido lo más duro de la enfermedad.

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