Desarrollo emocional del bebé

Emma nunca ha sido afectuosa. Tenía más de un mes cuando aceptó su primer beso. Desde que nació, automáticamente giraba la cara cada vez que me aproximaba para darle un besito en la mejilla. Algo más le costó recibir los de su padre y del resto de familiares. Por tanto, no os podéis ni imaginar lo contentos que estamos ahora cuando se deja besar mejillas y cuello. El milagro ocurrió en diciembre y llegó de la mano de los celos. Desde que le gustan los besos y los mimos, los quiere todos para ella. Cuando nos ve a mi chico y a mi dándonos besos o abrazándonos, deja cualquier cosa que esté haciendo para gatear a toda prisa, cogernos de las piernas y plantarse bien agarradita a mi. No queda otra que auparla. Y entonces la besuqueamos a dos bandas. Y ella encantada. Increíble y agradablemente cierto. Por cierto, pensaba que a todos los bebés les gustaban los besos nada más nacer. ¡Otro error de primeriza!

En la imagen, el padre de la criatura y yo cruelmente besando a Emma cuando tenía seis meses y todavía no le gustaban nuestras muestras de cariño.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...