Más dientes, más sólidos

Emma es una tragaldabas. Quien la conoce sabe que no exagero. Hemos llegado a un punto en que cuando pico algo me escondo de ella, dado que si me oye comiendo, me exige que le dé a probar. Sí, oír. Si me ve, el asunto se convierte en un escándalo. “Tas, tas, tas”, se la oye gatear a toda prisa hacia mi. “Zas”, vuela su mano hasta su presa. “Amm”, devora su boca. Para que os hagáis una idea, con todos sus dientes se las apaña para comerse medio plátano en unos cuatro minutos (ella sola, agarrándolo con la mano). En la guardería, donde ya se siente en confianza, hoy ya me han alertado de que merodea la mesa donde están sentados sus compañeros para robarles la comida sólida. Ha conseguido algo de manzana. No es su fruta preferida, pero supongo que debe ser mejor que nada. El robo lo ha cometido después de zamparse su comida, no os penséis que la niña pasa hambre.

En la imagen, Emma feliz.

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