Emma la pediatra

Los primeros juegos de rol

Cuando Emma acude a la consulta del pediatra, llora. No se fía ni un pelo del médico y se agarra a mi con la fuerza de un oso panda. No la culpo. Al pediatra vamos cuando está enferma o cuando tocan revisiones y vacunas, unos pinchazos que la dejan KO. No obstante, cuando conocí a nuestro nuevo pediatra intuí que quizá la relación médico-paciente podía mejorar con el tiempo. Nuestro nuevo facultativo es joven y actúa con una filosofía similar a la crianza con apego. Desde el primer día, él intenta crear un vínculo afectivo con la niña. ¿Cómo lo hace? Para empezar, me hace callar. ¡Ops! Quiere ser él el que hable directamente con su paciente y que la madre no actúe de intermediaria. En sus conversaciones, no sólo Emma forma parte. También formo parte yo misma, el dinosaurio y la jirafa. A todos nos osculta. A todos nos revisa los oídos. “Ahora a mamá, ahora a Emma. Ahora a la jirafa, ahora al dinosario”, le dice el pediatra a Emma. No me pide que ponga a la niña en la camilla y que le sujete los brazos o la cabeza a la fuerza. Me pide que la abrace, que la acaricie, que me calle y que me deje oscultar de mentirijillas. Os aseguro que funciona. Y que todos los pediatras deberían tomar ejemplo, ya que de su consulta apenas se oyen gritos y llantos. Aún así, a pesar de todos los esfuerzos del doctor, Emma todavía es reacia a apreciar su trabajo. El día de su cumpleaños, justo un día después de la última visita al pediatra, llevé a la niña a la tienda de regalos del pueblo y le dije: “Busca un juguete para ti, bichito”. Cuando llegamos a los maletines de médicos, Emma dijo: “Para la oreja”, señalando el instrumento que, efectivamente, sirve para inspeccionar el oído. “¡Ah, sí! Ese es un buen regalo. ¿Lo cogemos?”, le pregunté. “¡No!”, respondió tajantemente. No quedó más remedio que buscar otro regalo (un pack de seis taxis de colores), pero ayer volví a la tienda y compré el maletín. Por una parte, si ella misma reconoce el juego pensé que ya estaba preparada para ese juego de rol. Por otra, todavía nos queda la revisión de los dos años y pienso llevar el maletín a la consulta y continuar con el juego del pediatra: Emma le oscultará a él, si la niña y el médico quieren. Con toda esta larga historia os quería decir que a los dos años los niños empiezan a estar preparados para jugar de un modo sencillo al juego simbólico (Emma revisó ayer a su peluche elefante, le vacunó, le tomó la temperatura, etc.). Y la segunda cosa, y más importante, es que quizá podamos modificar una percepción negativa hacia los médicos y enfermeras, que probablemente todos los bebés y niños pequeños tengan. ¿Qué me decís? ¿Vuestros hijos ya juegan a médicos? Yo casi le regalé este maletín a Ian, el hijo de Amaia, y en el último momento me eché atrás al considerarlo para más mayores (y es que además es muy plasticoso, made in China total).

En la imagen, el maletín de doctora de Emma y sus instrumentos. ¡Ah! La niña también oscultó a Kira, nuestra gata. ¡Le encantó!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...