Compras para el bebé

Todos los dioses esperan que sus fieles les honren y les adoren. Emma debe pensar que ella es mi diosa y protesta si considera que no recibe la atención suficiente. Al parecer, el maravilloso carro que le regalaron sus abuelos maternos no era un altar de su gusto (no es reversible y el asiento parece incómodo). Cada día se quejaba y reclamaba que su abnegada madre le hiciera gracias, por lo que tenía que acabar cogiéndola en brazos y cargarla estoicamente en la mochila portabebés. De mañana, un poco; de tarde, más. Un buen día, la atenta madre decidió poner fin a tanto servilismo, buscando una solución que complaciera a ambas. Así fue como, en una tarde de copiosa lluvia, cogió al carro, a la niña y a la mochila portabebés y visitó cuatro tiendas de puericultura, sentando a la criatura en las sillas ligeras que tienen respaldo reversible. Hay pocas, no se crean. Y sólo una del gusto de la pequeña: la Quinny Zapp Xtra. En las tiendas, las dependientas pensaban que la que escribe está zumbada, hasta que escuchaban la triste historia y me decían, con cierta compasión: “Ay, será que quiere brazos. No sé si con otra silla lo vas a solucionar”. Todas menos la dependienta de la última tienda, mujer de asombrosa honestidad: “¿Tu silla no es reversible? Cagada”. ¿Perdón? “Es que a mi me pasó lo mismo y, al final, me tuve que comprar el Bugaboo Bee“. ¿Y funcionó? “Sí”. Todavía algo escéptica, esta madre primeriza le dijo a la dependienta que debía consultar el futuro desembolso (216 euros) con la almohada. Al día siguiente, tras probar la silla de nuevo, la compré. Dios mío, es decir, hija mía, qué dinero tan bien invertido. La gente me dice que me quieres mucho, que por eso necesitas verme a cada minuto. Sin embargo, les contesto que me temo que no es eso. Que lo que quieres, pequeñaja, es que te mire, que te cante y que te sonría. Qué feliz es Emma en su nueva silla Quinny Zapp Xtra, hasta duerme en ella, algo impensable hasta hace cuatro días.

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