El garabato de un bebé en los muebles de la casa

Las primeras trastadas

Cuando no oigo a Emma, últimamente me preocupo por la integridad física de nuestros muebles. La pasada semana entramos de lleno en la etapa de los garabatos. Inesperadamente pronto, he de decir. Así que ahora cuando la fiera juega sola en silencio un frío me recorre el espinazo y a toda prisa cierro el grifo del fregadero y, casi con los platos sucios en la mano, corro para descubrir su última obra de arte. La niña es ingeniosa, se lo reconozco. Más lo seré yo escondiendo colores, lápices y, sobre todo, rotuladores indelebles…

En la imagen, la pata de la mesa del comedor redecorada con un garabato de la fiera.

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