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Besos y calabazas

A sus diecinueve meses, Emma tiene muy claro a quién quiere besar y a quién no. Cuando cada día nos despedimos de Ian, Erik y Marc, las madres les alentamos a darse un beso. Y he aquí cuando llegan las calabazas, las decepciones y, también, los amores correspondidos. Cuando Emma tenía pocos meses y todavía no iba a la guardería, sentía una enorme debilidad por Ian, a quien conoce desde que nació. Sin embargo, Ian siempre se ha mostrado aparentemente poco interesado en ella. No le culpo, la verdad. Durante el pasado curso Emma le intentaba robar el chupete durante la hora de la siesta (eran vecinos de cama) porque la niña quería seguir jugando en vez de dormir. ¡Pobre Ian! Recientemente su relación ha mejorado, ya que Emma ha dejado de incordiarle y ello se nota cada mañana cuando Ian la saluda al grito de “¡Emma! ¡Emma!”. No obstante, la semana pasada la niña no quería darle besos a Ian. ¿Estaría Emma ofendida por algo? La misma desagradable situación vivimos con su ex compañero de clase Marc. Dice su madre, Ainhoa, que por aquél entonces ambos mantenían una relación de amor-odio. Ya sabéis, ahora quiero jugar contigo, ahora te robo el juguete para jugar solo. Marc, que es el niño más dulce que conozco, se quedó sin besos varios días y con cara de chasco (y yo avergonzada). Cuando les decíamos a los niños “¿os dais un besito?”,  Marc alargaba la cara hacia Emma, Emma apartaba la suya e ¡iba directamente a darle un beso a Erik! He aquí el vértice de este cuadrado que está dando mucho que hablar. Emma adora a Erik. Se lo pasa fenomenal con él y se ríe muchísimo con las cosas que hace su compañero del alma. Además, él le corresponde con sus besos… ¿Serán su primer amor? ¿Qué deben sentir los bebés? Me fascina observar que aun siendo tan pequeños, eligen sin dudar con qué niños se sienten más cómodos y a cuáles quieren más. Esta semana hemos recuperado las buenas relaciones con Ian y cada tarde hay besito de despedida después de la guardería y antes de volver a casa. ¿Lo conseguiremos con Marc al terminar la sesión de parque infantil vespertina? No sé si deberíamos insistir, pero a mi me parece muy tierno y adecuado que los bebés que pasan tanto tiempo juntos aprendan a despedirse con besos. ¿Qué opináis vosotras? Quizá esto es algo cultural, ya que aquí somos muy besucones…

En la imagen, Emma buscando la mano de su padre el pasado sábado en un parque infantil de Zumaia (Guipuzcoa).

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