Los amigos de Emma

Visiblemente nerviosa, Mónica nos ha abierto esta tarde las puertas de su casa para celebrar la fiesta del primer cumpleaños de su hijo Erik. Ella y su marido, Rubén, han organizado con esmero la fiesta infantil: él ha preparado un guacamole delicioso (el secreto está en el cilantro), ella ha cocinado tarta de queso y arándanos. Jamón de pavo, almendras, patatas fritas, cervezas, zumo… En cuanto me acercaba a la mesa, la dejaba un poco más vacía. Mientras, Erik sabía que algo pasaba. Ellos lo saben. Perciben la emoción de los padres, son los reyes de la guardería. Y se ha comportado como el perfecto anfitrión: ha compartido todos sus juguetes, aunque en dos ocasiones ha resultado herido en un combate con un menor de edad, su amigo Julio. De once meses y gran tirador de pelo, para que luego digan que los pequeños no saben defenderse solos…

Cuando conocí a Erik, haciendo palmas en la foto, poco después de haber salido de la barriga de su madre, era un bebé dulce, tranquilo, dormilón (del tirón). Ahora sigue siendo dulce, tranquilo, dormilón… E intrépido. No duda en retarse con Emma para intentar robarle el zumo (ella es claramente más larga y pesada) y tampoco es tímido, viene conmigo cuando ve que tengo jamón en la mano. “¿Me das?”, me mira con sus ojos cariñosos.

Su madre dice que no come, pero él siempre la contradice cuando está en compañía de Emma e Ian (en la foto). Culo veo, culo quiero. ¡Qué raro! Después de soplar la tarta, ha abierto sus regalos: un set de juegos de playa de Ian, un tambor de Emma, un coche de lujo de Julio.

Lo hemos pasado de maravilla. ¡Ha sido una tarde perfecta! Gracias, Mónica y Rubén. Además, hoy sí he sacado una foto de grupo de las tres madres que siempre coincidimos (en el parque, en la guardería, en la calle). ¡Qué suerte tengo por haberos conocido! Besos.

(Los tres bebés mordisqueando sus manos… ¿Nuevos dientes a la vista?)

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