Galletas María caseras

Mi maridín es un flojo. Se ha pasado el jueves y el viernes santo en la cama hecho una piltrafilla gracias a los virus que Emma pesca en la guardería. Hoy por fin se ha levantado, así que vuelvo a sentarme al ordenador. ¡Bien! ¿Que qué hecho estos días? Unas riquísimas galletas caseras estilo María. Con todo mi amor, horneé la masa para que la niña las desayunara al día siguiente mojándolas en leche (de vaca). “Nein, mama”, dijo el diablillo en alemán, que es como me parece que habla cuando no me gusta lo que veo. Y no creáis que tengo una fiera descortés y desagradecida. No, no, no. Probó una galleta y, como no podía morderla bien, probó otra, y otra… Y a la hora de merendar, con una cuarta, que esta vez mojó en el zumo de naranja, nectarina y fresa también casero (¡qué días de cocinillas estoy teniendo). El problema de las dichosas galletas es que me salieron demasiado gordas, por lo que no están todo lo crujientes que deberían. Pero aun estando crujientes, creo que lo serían demasiado para sus doloridas encías. Por tanto, se mire por donde se mire, el resultado del experimento culinario es Fontaneda 1, mamá Gessamí cero patatero. Ahora bien, yo me he puesto fina a galletas. Ricas, ricas. Así que, por si alguna se anima, a ser posible cuando vuestro bebé tenga ya todos los dientes y sepa masticar, dejo aquí la receta:

Ingredientes:

500 gramos de harina

165 gramos de mantequilla

165 de azúcar blanco (pero utilicé moreno)

1 huevo

165 ml de leche

una pizca de levadura tipo Royal (la punta de una cucharadita)

Preparación:

Batir la harina, la levadura, el azúcar, la mantequilla ablandada (a temperatura ambiente) y el huevo. Incorporar poco a poco la leche hasta conseguir una masa en buen punto, procurando que no tome cuerpo. Para lograrlo, hay que trabajarla poco y rápido. El buen punto se alcanza cuando no se pega a las manos. La autora del clásico libro “Repostería fácil”, de donde saqué la receta, indica un truco: “Para comprobar si la masa ha tomado cuerpo, introducir en ella un dedo completamente. Si el agujero permanece al retirarlo, es señal de que está en su punto. Por el contrario, si se borra, la masa tiene cuerpo y necesita varias horas más de reposo antes de proceder al horneado”. He aquí mi fatal error. Como era de noche y no podía esperar varias horas a que la masa tomara la consistencia adecuada, me puse a extenderla como pude con el rodillo sin poder conseguir dejarla con sólo medio centímetro de grosor. Con las galletas demasiado gruesas, las llevé al horno (a 170º) unos minutos. Unos quince, según la receta. O hasta que se doren, dependiendo del horno. ¡Buen provecho!

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