Incorporación al mundo laboral

La pediatra de Emma también es madre primeriza. Tiene una niña un poco más pequeña y la abuela se hace cargo del bebé cuando la doctora atiende a nuestros hijos. “Si se puede, con un cuidador están mejor”, me dijo la última vez que fuimos a su consulta. Sabe perfectamente que las escuelas infantiles son el mayor foco de infección en la vida de un bebé. Esta semana, hemos formalizado la matrícula para la guardería de Emma. Empieza en enero, con diez meses. En el parque, he coincidido con una abuela que ha pedido  una excedencia en el trabajo para cuidar de su nieto. También he conocido a un padre con esposa sindicalista –él bien podría serlo– fanático de la guardería que me han intentado convencer de que inscriba a Emma “porque se hará fuerte”. De vez en cuando, veo a una cuidadora de un niño que se llama como mi marido (su padre es danés). Posiblemente, si se dispone de recursos económicos y faltan abuelos con tiempo libre, esta sea la mejor opción para el bebé. Muchas criaturas no se interesan por sus compañeros de tobogán. Es más, tienden a pasarse por encima sin inmutarse. Hay madres súper fans de la crianza natural que no sólo se encargan de su prole en solitario, sino que extienden la educación en casa durante varios años. ¿Os imagináis a un niño de cuatro años en casa todo el día? Conozco a uno, pero por respeto a su madre no le he preguntado qué opina de su situación. Emma irá a una guardería por necesidad mental y física de su madre. No obstante, le hemos buscado una de lujo: muchas cuidadoras, mucha estimulación temprana, trinlingüe y con patio exterior, algo infrecuente en Bilbao. Cuando visitamos las instalaciones, una educadora cogió a la fiera en brazos y la metió en una clase, donde escuchó una canción y pescó una galleta María. Allí pasó media hora sin rechistar y sin siquiera echar la vista atrás para buscarnos. Eso nos convenció. ¿Qué pasará en enero? Crucemos los dedos. A veces los planes se tuercen y, a pesar de los deseos de los padres y del consentimiento del niño, es finalmente el pediatra quien tiene la última palabra. Eso es exactamente lo que le ocurrió a mi vecina del bajo, que tuvo que sacar a su hija pequeña de la guardería por infecciones de oído recurrentes. Y vosotras, ¿con quién dejarías a vuestro bebé? ¿Cuál es la mejor opción?

En la imagen, el tobogán para los más pequeños del parque de El Arenal de Bilbao.

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