Semana nueve

No sólo tengo intención de recuperar los kilos perdidos durante la gastrointeritis y las semanas de náuseas, sino que veo un horizonte claro y sin nubes. Plagado de comida apetitosa y con tiempo para zampar, porque ya no duermo tanto.
Atrás han quedado las náuseas, el arrugar la nariz a cada olor de comida. Si bien es cierto que el estómago todavía no me permite comer en grandes cantidades, como muchas veces al día: ahora una pera, después un helado, un tortilla francesa, una nectarina, etc. No es mucho, pero suficiente para aplacar la constante sensación de hambre que me ha durado demasiado tiempo.
Aun así, estoy descubriendo que algunos de mis alimentos preferidos siguen siendo rechazados por mi cuerpo. ¿Por qué el gazpacho me sienta mal? ¿Demasiado ácido? Al menos, vuelvo a comer un poco de chocolate.
Otro cambio necesario ha sido no quedarme dormida cada dos o tres horas. Sigo durmiendo, sí. Sigo sin soñar. Pero ya he rebajado considerablemente las horas de sueño a unas diez diarias. ¡No está mal!
Pero lo mejor de todo es que ya me veo barriguita. Y no son ilusiones ópticas, ¿eh? El mes pasado me quedé a cero de reservas grasas y con el vientre plano, así que ahora parece que mi útero expandido empieza a dejarse ver de perfil. Sigo teniendo cintura, pero con un hermoso abombamiento entre medio.

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