Alimentación del bebé

Desde hace días siento que Emma quiere algo más que leche. Toda madre primeriza tiene un millón de dudas y recibe infinitos consejos. Pero de nuevo considero que debo seguir mi instinto. En la revisión de los cuatro meses, la pediatra me aseguró que Emma no necesitaba cereales, dado lo bien que está aumentando de peso. Por lo que me invitó a que siguiera con lactancia materna exclusiva hasta los cinco meses y medio. Entonces, debía introducirle la pepilla de frutas (manzana, pera, plátano y zumo de naranja) a media tarde. Sin embargo, hace semanas que la fiera se avalanza, literalmente, sobre la comida que como. Hace dos semanas que llevaba dándole vueltas al asunto de la alimentación complementaria, mientras esperaba ansiosa el día en que le prepararía su primera merendola más allá de la teta, frenando los impulsos alimenticios de Emma. Además, la pequeña lleva las últimas noches mamando cada hora entre las doce y las cuatro o las cinco de la madrugada. ¡Cada hora! Como imaginaréis, de día soy una zombi malhumorada. Hoy he llamado a la pediatra y le he planteado el problema y me ha dicho que, efectivamente, la situación es insostenible y que le introdujera un biberón con cereales a medianoche, en vez de pecho. Entonces le he preguntado: “¿Pero cómo? A Emma no le gustan los biberones, como tampoco le gustaron los chupetes”. La pediatra me ha dicho que insista y que siga esperando con las frutas, que la pequeña todavía no sabrá comer con cuchara… “Uy, la verdad es que sí”, le he respondido. “El otro día miestras yo desayunaba y ella me veía comer, le di plátano con zumo de naranja con mi cuchara para contentarla y entretenerla un rato”. Por toto ello, el objetivo del paseo de esta mañana ha sido comprar cereales y algún potito para empezar poco a poco con los sólidos. Después de pasarme por Carrefour, donde los cereales de dos conocidas marcas contenían azúcares añadidos y había que prepararlos con leche de fórmula y en biberón, tal y como la pediatra me había indicado, he terminado en una tienda de productos ecológicos donde le he comprado cereales de arroz integral sin azúcar añadido, que la niña tiene cinco meses y pesa nueve quilos, para dar en plato. También he comprado potitos de compota de manzana. Al llegar a casa, hambrienta ella como un lobo feroz, le he ofrecido la compota y, otra vez, he tenido que parar de darle porque se la hubiera terminado (y era su primera compota). Después del potito, cuando ya la tenía al pecho me he dado cuenta de que ni siquiera le había puesto babero y que no se ha manchado. No ha escupido, posteriormente no ha vomitado y tampoco parecía que le hubiera caído mal al estómago. Y he aquí mi exceso: por si fuera poco, a la introducción de la manzana hay que añadirle unas pocas cucharaditas de la sosa papilla de arroz. Ahí sí, menudas caras ponía… No la culpo, la verdad es que no sabe muy bien. Dudo mucho que esa poca cantidad sea suficiente para adormecerla esta noche, pero espero poco a poco ir llenando el buche acorde a sus necesidades y gustos. Por cierto, esta tarde he ido al supermercado Mercadona, donde sí tienen cereales sin azúcar y papilla de arroz, ambos de la marca Hero y mucho más baratos que en la tienda ecológica. Por último, quería añadir que Alba, mi amiga con mellizos, empezó a darles fruta a los cinco y meses y medio, tal y como indican los pediatras actualmente. Sin embargo, sus hijos nacieron a la semana 37 de gestación y pesaban la mitad que la mía. Por tanto, ¿no deberíamos tener en cuenta a cada bebé individualmente? Tal y como me ha dicho la pediatra, “teniendo en cuenta las proporciones de tu hija, es posible que necesite más comida”.

En la foto, la fiera zampándose su primera compota de manzana.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...