telefono_rosa

Abuso hasta el infinito

¿Cuántas veces habéis lidiado con las compañías de telecomunicación? ¿En alguna ocasión no os han provocado sudores fríos, irritación y cabreo monumental? Hace unos años, por fin me sentí cómoda al encontrar a Jazztel. Aquello que decían en su anterior campaña de comunicación (te vienes por el dinero, te quedas por el trato) lo sentía de verdad. Sin embargo, parece que han cambiado su estrategia comercial (y por ende, su campaña de comunicación, en la que ya no exhiben cómo (mal)tratan a sus clientes). Os cuento a qué santo viene este post, de los que encontraréis varios por internet. El pasado 21 noviembre, solicité un alta nueva de telefonía fija e internet para el piso al que nos mudamos el 1 de diciembre. Me aseguraron que al ser clienta de su telefonía móvil, el alta se aceleraría y no necesitarían más de cinco días. “¿Seguro?”, insistí. “Seguro”, aseveraron. E hice el contrato de voz. El 17 de enero, casi dos meses después de haber iniciado el trámite, seguíamos sin teléfono fijo ni internet en casa. A cada llamada mía, me daban un plazo nuevo: dentro de diez días naturales, dentro de quince días laborables, “es que la otra compañía [Movistar] no suelta la línea, por lo que no podemos instalarla”. Yo sólo escuchaba bla, bla, bla. Una excusa detrás de otra y una pila de mentiras que me dijeron conscientemente para que me diera de alta con ellos, ya que ellos saben que Movistar no suelta sus líneas con facilidad y que alarga el plazo hasta, al menos, dos meses, quizá más (mi tía consiguió línea con Jazztel a los dos meses, después de escuchar todas esas mentiras). El 17 de enero, súper cabreadísima, les dije que ya no podíamos esperar más y que me buscaba otra compañía (Movistar, la única que tiene echado el cable en el mini pueblo) y que, cómo me sentía profundamente maltratada, me llevaba también las líneas de teléfono móvil a pesar de tener que pagar penalización. En tres días teníamos internet y teléfono fijo. El teléfono móvil fue otro cantar. Ahora es mi caballo de batalla, ya que parece ser que Jazztel se está vengando de mi y he aquí su venganza: no me entran las llamadas de los operadores de Orange, Euskaltel y Jazztel. A quien me llama desde esas compañías, le sale un mensaje de voz diciendo que “esa línea no existe”. Tal cual. Y tengo dudas de que pueda recibir llamadas de Vodafone. ¿Qué repercusiones tiene eso en mi vida? Evidentes: apenas recibo  llamadas de teléfono, y algunas son urgentes. La primera fue la de la escuela de Emma, que me llamaron toda la mañana de febrero para pedirme que fuera a recoger a la niña porque tenía fiebre (38,5º, el día que empezó con la escarlatina). Es decir, gracias a los hijosdeperramalnacidos de Jazztel, no pude recoger a mi hija enferma de la escuela porque Jazztel me bloquea todas las llamadas de su operador, Orange y Euskaltel (se ve que son súper amiguitos). Así las cosas, recordemos: Movistar son unos hijosdeperramalnacidos porque no dejaron usar a Jazztel su cableado para que yo pudiera contratar fijo e internet con ellos, que era más barato. Y Jazztel son unos hijosdeperramalnacidos que me bloquea las llamadas de sus clientes y de los clientes de sus amigos. ¿Quién es más cabronazo? A la par, diría yo. Lo que para mi era inimaginable es que de las guerras entre las grandes compañías telefónicas los clientes resultáramos tan, tan mal parados.  Ahora mi esperanza es la Organización de Consumidores, y que un rayo parta en dos a las grandes compañías que pensaron que jodiéndonos iban a ganar más clientes para hacerse más ricos. Aquí han perdido una cliente para siempre. ¿La próxima compañía? Symio, Pepephone, Tuenti o lo que sea. ¿Me aconsejáis alguna?

En la imagen, vía el blog Snazzie Drawers, una cabina telefónica vintage súper rosa, súper naïf.

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