Disponer de un sólo sueldo

Tengo una amiga que trabaja en una importante compañía eléctrica. Hace años, una de sus compañeras de trabajo llegó a un acuerdo con su marido: ella le pagaba la educación a un hijo, él costeaba los estudios del otro. Heavy, ¿eh? A mi alrededor, no os penséis, la opción más frecuente es tener una cuenta común para los gastos domésticos y los ahorros y cuentas separadas para que cada miembro de la pareja disponga como mejor guste de su propio dinero. Pero con la llegada de un bebé, y  también debido a la actual crisis financiera, los asuntos económicos cambian: ¿Qué ocurre cuando uno de los dos deja de tener un trabajo remunerado para cuidar de la criatura? ¿Y si existe mucha diferencia salarial entre ambos? Los hombres tienden a ser más austeros, por lo que se ajustan mejor a la nueva situación. Pero la mayoría de mujeres nos encargamos con gusto de casi todas las compras (desde los comestibles a los cachibaches de la casa y la ropa de toda la familia), mientras que ellos guardan y esporádicamente desembolsan cantidades elevadas de dinero de una tacada (equipamientos deportivos, el último gadget y también todo lo relacionado con el coche, como el cambio del aceite, las ruedas, etc.). Diría que hombres y mujeres tenemos distintos patrones de gasto, aunque el balance final sea parecido. Eso repercute negativamente en nuestra autoestima cuando la pareja pasa a disponer de un sólo salario ya que, acostumbradas a gastar casi a diario, debemos reajustar la economía doméstica hasta límites insospechables para una mujer emancipada: consensuar las compras, valorarlas y decidirlas conjuntamente. Es decir, ser económicamente dependiente de tu pareja de una forma moderna (ya que se busca el consenso, no la imposición). Pero, ¿acaso no es eso el matrimonio? ¿Valorar y decidir juntos? Además, ¿qué ocurre con los ahorros? Creo que con la llegada de un hijo, hasta nosotras nos volvemos más quisquillosas con el dinero y dudamos ante un precioso bolso de Mandarina Duck rebajado al 50%, cuando estando solteras y sin hijos lo habríamos comprado en un abrir y cerrar de ojos. Cuando eres madre, eres madre. Y el dinero importa más, tanto para él como para ti. Al menos, esta es la conclusión positiva que saco de nuestra situación actual. Pero, ¿cuáles son mis sentimientos inconfesables? Francamente, que esto es horrible. Dejar de tener un sueldo implica dejar de ser consumista. ¡Con lo que me gustaba! Sí, suena muy políticamente incorrecto. Pero estas rebajas me gustaría haberme comprado un par de blusas, un bolso y unas sandalias nuevas y no lo he hecho. Racionalmente, es mejor así porque ya tengo bonitas blusas, quince bolsos y unas sandalias que todavía sirven. Repito: racionalmente. Interiormente, es desquiciante y cada día debo frenar mis impulsos consumistas. Y yo que cuando trabajaba pensaba que era una mujer guay que no gastaba en exceso… Decidme, ¿cómo os organizáis como pareja? ¿Cómo os sentís vosotras? ¿Algún truco que compartir?

En el vídeo, vía Youtube, un documental de tres minutos sobre las técnicas de marketing que utilizan los supermercados para que gastemos más. Confieso que soy una presa fácil y que mi marido es más práctico y racional cuando va a hacer las compras. Es decir, gasta menos.

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