La suegra

La familia política

En tres, dos, ¡uno! mi suegra y su marido cogerán el avión que les llevará de vuelta a su casa. ¿Por qué es tan difícil llevarte bien con la suegra? Y lo que es peor: ¿por qué es tan difícil ser suegra? Este tema me martiriza un poco porque : a) algún día seré la suegra, b) ni maridín ni mi santa madre se llevan fenomenal ni la madre de maridín y yo nos llevamos de maravilla. Lo intentamos, pero siempre hay algo que cruje. Para empezar y aburrir, las temidas diferencias culturales:

Señoras, señores, apártense que cuando un germano teutón y cuadriculado, silencioso y relentizado, entra en contacto con un mediterráneo improvisador, gritón y acelerado saltan chispas. Más que chispas, ¡arde el fuego! 

Si a ello le unes que la comunicación tiene lugar en una lengua que no es precisamente la materna (hablo con ella en inglés) y que de repente careces de matices la cosa aún se enreda más. ¿Ironía? Guárdatela en el bolsillo, chata, o no nos entenderemos jamás (por eso me desquito aquí, jus, jus, jus).

Y el pequeño detalle sin importancia: es la familia política. A veces la ecuación funciona mejor, a veces peor.

Esta ha sido una visita de las que peor, y es que todo estaba en nuestra contra: malas fechas, mala ubicación, virus griposo o catarral del suegro, lluvia, frío. Y la suegra, para qué negarlo.

Eliges con quien te emparejas, al gato y poco más. La próxima vez saldrá mejor, lo sé, y que levante la mano quien no haya pasado por aquí antes ^^ En realidad, este post ya estaba tardando 😉 Pero es que en realidad no me puedo quejar mucho porque hay suegras y SUEGRAS (léase brujas), y la mía es de las minúsculas. Besos y feliz miércoles.

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