Maduración del sueño infantil

Había una vez, en una cama muy, muy grande, una niña que no quería dormir sola. Necesitaba la leche tibia de su mamá para conciliar el sueño, pero ni aun así conseguía dormir más de tres horas seguidas.”Bebé, ¿qué te pasa? ¿No quieres soñar?”. Su mamá, preocupada como estaba al tratarse de una primeriza, investigó el asunto para averiguar si su hija era un ser especial.  En sabios libros encontró que muchos bebés se despiertan varias veces cada noche. “Ay, mi dulce pequeña, que todavía no sabes lo que es descansar sin tener miedo de que yo me vaya sin ti”, asumió la madre comprensiva. Con ojeras perennes, la fatigada mujer amamantó varias veces a su querida hija todas las noches durante más de trece meses. Sólo de este modo la niña se despertaba sin jaleo y sus padres podían volver a dormirse sin problemas. Pero un buen día, como un regalo de una hada del bosque, la niña durmió ocho horas del tirón. La madre, sorprendida y preocupada, se despertó de vez en cuando para comprobar que ningún lobo le hubiera robado a su pequeña. Al alba, cuando el bebé se levantó con una sonrisa, la madre pensó: “¿Será un hechizo?”. A la noche siguiente, la niña volvió a reclamar su leche. Pero un día más tarde, durmió otras seis horas seguidas. Esta vez, la madre también. Felices, descansadas, se levantaron ambas dispuestas a jugar con el mundo. Quizá no volvería a repetirse tal hazaña… ¡Pero sí! ¡Sí! ¡Los bebés duermen la noche entera! Ahora la mamá y el bebé madrugan más cuando duermen seis, siete o incluso ocho horas seguidas. Ambas se levantan de mejor humor, sobre todo la mamá, tienen mucha hambre durante el desayuno y disponen de todo un día por delante para disfrutar. Ninguna sabe cuánto durará la pócima mágica, pero algo le dice a la madre, será algún gnomo pizpireto, que sus noches interminables a prueba de titanes están cada vez más cerca de terminar.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...