lavarse con champu si o no

Movimiento No poo

Sé que muchas ni os lo habréis planteado, pero he aquí la pregunta de la semana: ¿a tu bebé y a tu niño le lavas el pelo con champú? Mi respuesta actual es no. ¡¡¡Toma ya!!! Os pongo en antecedentes. Cuando Emma era recién nacida, le lavábamos con los productos para el baño y el aceite para el cuerpo de la marca de cosmética natural Weleda, pero no le funcionó bien. A los pocos meses, tuvo un pequeño brote de piel atópica que tuvimos que tratar con una pomada de corticoides. Desde entonces, he tenido muchísmo cuidado con la piel de Emma y, gracias a la pediatra y a la farmacéutica, que me dieron muestras de cinco cremas diferentes, pude encontrar la que mejor le iba: Aderma para pieles atópicas (18 euros). A medida que la fiera fue creciendo, busqué alternativas más económicas, aunque no las he encontrado. Le sienta bien la crema para adultos de Eucerin y también la de Linola (en farmacias alemanas, 11 euros). Cualquiera de ellas las usamos después del baño. Las noches que no se baña, por puro placer, coge cremas mías de Mercadona o Body Shop (tarros que compras o que te regalan y que estaban guardados en un cajón) y se unta bien las piernas. Y todo genial. Otro cantar es el pelo. Cuando era bebé, no le lavábamos el pelo con champú, si acaso, con el gel-aceite también de Aderma y muy poca cantidad y una vez a la semana. Luego llegamos al caserío, a la fiera le creció la melena, vino el invierno y su acusada aversión a lavarse el pelo aumentó hasta cotas altísimas. Algunas veces usábamos el gel de Aderma; otras, sólo agua. En primavera le compré un champú para niños y bebés de una conocidísima marca y lidié con la fiera para lavarle y aclararle bien el pelo una vez por semana. Lloraba, gritaba y forcejeaba como si la estuviera torturando. Le compramos gafas de piscina y cazos y artilugios para echarle el agua con más cuidado. Nada funcionó. El momento del champú se convirtió en la peor experiencia de la semana. Además, para mi sorpresa, el cabello empezó a engrasársele un montón. Luego llegó el verano y el calor y Emma se levantaba de la cama, salía al jardín, abría la manguera y ¡voilá! duchada y limpia sin gel ni champú con el agua no tratada que llega a casa (del río; sin cloro). Y el pelo dejó de engrasarse. En estas andábamos, con la mosca detrás de la oreja, cuando topé con este artículo de la revista Smoda que explica que en Estados Unidos existe el movimiento No Poo que reivindica dejar de utilizar champús comerciales, debido a los productos químicos que contienen, y sustituirlos por vinagre y bicarbonato. Fue entonces cuando tomé la decisión consciente de dejar de usar champú y ver qué tal lucía el melenón de Emma. Pasados dos meses y medio (agosto, septiembre y lo que llevamos de octubre), puedo decir que el champú lila de la conocidísima marca le engrasa el pelo y, por tanto, hemos dejado de usarlo. En cuanto a mi, aunque se me ha pasado por la cabeza dejar paulatinamente de usar champús y acondicionadores, no lo voy a hacer. Lavarme el pelo con champú es un pequeño placer. Sí, he sucumbido a las embriagadoras fragancias químicas y al marketing de las marcas. Ahora bien, estoy abierta a alternativas, como el jabón negro o la arcilla rhassoul de la que habla la bloguera Mi reino por un gloss. En fin, madres primerizas, ¿qué me decís? ¿Sorprendidas o preocupadas por Emma? Pues mirad la foto y veréis qué melenón tiene. ¡Ya lo quisiera yo!

¡Ah! Y en cuanto a Emma, en septiembre hemos incorporado una rutina higiénica para mi importantísima: usar un repelente de piojos una vez cada dos semanas. Hay que rociar el cabello ocho o diez horas antes de lavarse el pelo.

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