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Respeto

Mi hija es única. Es una persona ajena a mí y a su padre, con su propia personalidad, talentos y debilidades. Algunas cosas las ha heredado de nosotros, pero pocas.

Nuestra hija es única. Ella no es yo ni maridín. Ni es sus abuelos, ni sus primos, ni sus tíos. Emma es Emma.

Es difícil no hacer transferencias y comparaciones entre niños y adultos (y entre hermanos, ¡qué peligro!) pero los hijos no son de los padres, los padres somos de los hijos. Estamos ligados a ellos eternamente sean como sean, hagan lo que hagan, pero los hijos van por libre. En la infancia nos veneran mientras empiezan a descubrirse, y luego deben buscar su camino… Es un camino largo que dura una vida entera y para que recorran ese sendero sin una mochila pesada a la espalda tengo la convicción de que una de las cosas más importante que podemos hacer por los hijos es aceptarlos tal y como son, respetarlos siempre, nunca compararlos, no esperar que sean como nosotros y acompañarles siempre en su propio descubrimiento.

Porque mi hija es única.

En la imagen, Emma pensando entre el viento.

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